Estamos, según las últimas noticias, al borde de lo que llaman "situación de rescate" o "recesión" y muchos se echan a temblar. De esos muchos temblorosos, la mayoría no sabe por qué tiene que tener miedo y otros sencillamente lo hacen por puro seguidismo. Sólo unos pocos saben genuinamente qué motiva ese pavor: no será su preocupación por usted y yo.
La cosa está tan mal que ya se habla sin tapujos de copagos, recortes a troche y moche, adelgazar lo que una vez fue gordo... ¿adelgazar lo que una vez fue gordo? Los obesos mórbidos pueden estar tranquilos, a ellos no se les tocará un gramo de grasa mientras haya otros que puedan sostener el golpe.
Es decir, ¿por qué va un parlamentario a sacrificar su coche oficial o las dietas que le dan para vivir en el Palace, pudiendo hacer que un jubilata pague 5 euros por sentarse en la habitación del hospital donde está ingresada la parienta? El viejo no sale en los periódicos. El viejo no paga las publicidades de los periódicos.
El Cuarto Poder ha muerto, ¡viva el Cuarto Poder!
Pero tranquilos, que no me pondré conspiranoico ni me echaré al monte. Prometo ser comedido en la medida en que la situación requiere un repaso de los hechos, sin más añadiduras.
Todos somos ya viejos conocidos. A pocos les puede sorprender que los periódicos se venden con carga ideológica incorporada. El País es 'socialdemócrata', El Mundo 'liberal', el ABC y La Razón andan de tortas por ver quién es más monárquico y meapilas y a Público le hubiera gustado que hubiera más nostálgicos de la república en España (pero no los hay). Así que cada cuál mira por sus intereses y se olvida de la función que cumplen. ¿Informar? Nah. ¿Veracidad? Según interese, si es amigo o enemigo. ¿Destapar escándalos? Huy, no me meta prisa, amigo, que tengo facturas que pagar.
Tampoco ayuda que la democratización de internet y la comunicación en general sea propicia para difundir cualquier bulo imaginable, por delirante que pueda parecer. Hace nada aterricé en un blog que juraba y perjuraba que lo de al-Assad en Siria, la guerra civil, los bombardeos, los miles de civiles masacrados... ¡todo mentira! ¡Un hoax de Occidente para tener la excusa perfecta para invadir otro país árabe! ¡Si en realidad no pasa nada y la gente camina por Homs con toda la calma del mundo, hombre ya!
Pero nos gusta VEF y nos gusta Sálvame y nos gusta Gran Hermano. Nos gusta que cualquiera pueda ser cualquiera detrás de una pantalla y que podamos tirarnos trastos a la cabeza. Nos gustan los trolls y los iluminados porque nos salpimentan un día de por sí soso y predecible. Les aplaudo.
El vil populacho
Como ciudadanos rasos, súbditos si algunos lo prefieren ahora que el Rey tiene pitopausia, no sabemos gran cosa más allá de lo que podemos ver a nuestro alrededor. Los precios suben, los impuestos suben, cuesta más vivir y tampoco hay grandes esfuerzos por que se nos pague del mismo modo, lo que hace que se nos ponga todo bastante cuesta arriba. Pero nada sabemos de por qué algunos tienen que comerse todo el marrón y otros no sueltan sillón ni así se esté quemando.
Me sorprende, de veras, que antes de pensar en recortes del tipo 10.000 millones de nada en Sanidad y Educación a ninguno de esos lumbreras se les ocurriera suprimir cargos duplicados o bajarse un sueldo que no gastan.
_¿Cómo dice? ¿Bajarme el sueldo? ¿Muá?
Pongamos que, simplemente, es usted capaz de ir al trabajo a pie. O en moto. O en un alarde demagógico y populista, en metro.
_Pero, ¿y mi seguridad?
Ahí nos atrapan. No queremos que ningún pobre hombre muera o sea secuestrado. Y si no es la seguridad es el incentivo de servir al Estado en vez de a la empresa privada, que paga más y más pronto. Y si no es la pasta es la erótica del poner "Ministro" en las tarjetas de visita. Y si no es ambición es porque no saben hacer otra cosa. Sea por lo que fuere, ellos no se privan de nada.
Mientras, el vil populacho, la villanía, se las tiene moradas con el día a día. No es vil populacho el que se desvive en montar manifestaciones y huelgas, en salir a la calle a protestar por "su" cosa. "Su". No "nuestra", el resto que se busque la vida o pida hora para ponerse delante del Ayuntamiento con la pancarta.
Ahora que el PP es el que manda (y de qué manera) a los del PSOE les ha faltado tiempo para ponerse detrás de la barricada. De repente, es como si nunca hubieran estado los últimos 8 años mareando perdices. ¿Y por esto les pagamos dinero, damas y caballeros? ¿Para esto les mantenemos a un nivel poco comparable al de un tipo medio?
_Pero son los que nos defienden de los recortes.
Por favor. Por favor. Por favor. Estamos aquí hablando en serio.
El Problema. El de verdad.
Supongan que algo no les gusta. Imaginen que hay algo, en alguna parte de su vida cotidiana, que no está todo lo bien que podría estar. Ahora, en un alarde titánico de imaginación desbocada, véanse a ustedes mismos escribiendo a su representante electo pidiéndole explicaciones y que él esté obligado a responderle. ¿Ha sonreído? ¿Durante un momento mágico ha sentido ese cosquilleo de sentirse útil para algo más que para sí mismo?
Voy a quitarle el chupete: nadie está obligado a responderle a usted, simple contribuyente, don nadie, anónimo número de la Seguridad Social. Además, se lo voy a quitar de golpe: usted no tiene un representante electo al que escribir. Nadie, repito, nadie tiene que responder ante usted.
La "fiesta de la democracia" es un domingo cada 4 años. Ese es todo nuestro papel. Ahí acaba el poder del populacho (si es que es un poder).
Comprendo que todo gobierno tiene una hidden agenda (LOGSE:
cosas que tú no tienes por qué saber, pringao) pero por mucha
información que manejes, si no tienes nada que hacer... ¿para qué te
metes? Si así son las cosas, si resulta que no puede tocarse nada,
cambiarse nada ni suprimirse nada, ¿a cuento de qué les estamos pagando
que no tengan que preocuparse por trabajar el resto de sus vidas? Oh. Un
momento...
_Exacto. Bienvenido a la Gran Broma.
La Gran Broma
La Gran Broma consiste en que te mates a trabajar en lo que sea y por cuanto sea, no importa si es lo que te gusta o no, y vayas pagando tus impuestos. Vive bien o malvive, no importa, pero sólo preocúpate de ti mismo. No mires al de enfrente si no es con envidia o rencor. Acumula todo lo que puedas. Rodéate de cosas que digan que eres alguien. Deja de preocuparte si dentro de ti sigues creyéndote nada, no importa: todo el mundo alrededor cree lo contrario y eso es lo que nos gusta que piensen de ti.
Mientras tanto, deja que nosotros nos turnemos en el poder. Deja que nos repartamos el mayor pastel de todos y vivamos a sus expensas. No nos mires, no estamos aquí. Como somos muchos (y cada vez más) tenemos que duplicar o triplicar los cargos para que los nuestros tengan también su trozo de tarta. Así que creamos autonomías que no sirven, diputaciones que no sirven, senados que no sirven, ayuntamientos de pueblos de 100 personas que no sirven... pero que diremos que lo necesitas y hay que pagarlo. Sigue a lo tuyo, majo, y comprueba que lo que hacemos es bueno también para ti.
Lo que nunca sabrás es cuánto podríamos hacer. La de facilidades que podríamos concederte. Por poder, es físicamente posible manteneros siempre que consigáis suficiente pasta de fuera. En serio: no tendrías que preocuparte de una hipoteca, ni de gastos como agua, luz o teléfono. Podríamos dártelo gratis pero, ¿por qué hacerlo si quieres pagar por ello? Tu estatus depende de ello, así que gracias a que necesitas hacer creer a todo el mundo que eres un pez gordo nosotros podemos ocuparnos de conseguir todo eso para nosotros mismos y dejarte a ti en la estacada si las cosas se ponen feas. Y no te quejes: lo quieres así.
_¡Mardito capitalismo!
No, damas y caballeros, la Gran Broma está mucho más al fondo. Si consumismo o capitalismo son algunos de los teatros donde se mueven las marionetas, la Gran Broma es la ciudad que alberga los teatros.
La Gran Broma no discrimina si es útil: sostiene y jalea 'paraísos' comunistas en todo su esplendor y genuinez. No escatima teocracias ni dictaduras. No desestima que la gente se mate por ideas o religiones. La Gran Broma trasciende todo eso porque, por encima de ideologías o dioses, siempre hay algo mucho más sagrado: tú mismo.
Quieres comer en Horcher. Quieres dormir en Moustique. Quieres viajar en
un Gulfstream y que te recoja un Aston Martin conducido por la última conejita Playboy. Y quieres que eso sea
algo al alcance de unos pocos. Que signifique que eres alguien que está
por encima de la masa. Lo necesitas, seas marqués o sindicalista.
Tal vez quieres que tu nombre sea cantado por masas enfervorecidas, que te citen como a un dios, que escriban libros y libros y libros sobre ti analizando cada cosa que hiciste. Que miles te vean como un ejemplo a seguir y que estén dispuestos no sólo a morir sino a matar por ti.
Quizá pienses en un más allá y te sientas como un profeta. A lo mejor querías ser la estrella del equipo.
El que tenía la última palabra. Aquel al que mirar con adoración y cierta envidia. No te avergüences: lo sabemos. Lo entendemos, ¿cómo no hacerlo si somos nosotros los que queremos que sea así? Porque mientras tanto nosotros podemos seguir siendo la sombra que vive a tus expensas. No te robamos mucho, no somos entes desconocidos ni poderes oscuros y ocultos: nos mostramos tal y como somos. Dejamos que te acerques a nosotros y te vean con nosotros porque es parte del juego: nada impone más que comer con un Ministro. Nada da más poder que el poder mismo.
Nos interesa tu bienestar lo mismo que un calamar: no va con nosotros porque ya lo tenemos, gracias a ti. Nos pagas lo que nos queda de vida para que resolvamos cosas, pero no lo hacemos, vamos, ¿quieres dejarnos sin trabajo? En lugar de eso creamos nuevos problemas para que sientas que dependes de nosotros. Inventamos nuevas necesidades para justificar que estamos donde estamos y que somos necesarios. Mientras tanto, tú sigues pagándonos sueldos cada vez mayores porque nosotros tenemos que estar ahí donde todo el mundo querría estar. Somos la referencia, lo que determina hasta dónde estás dispuesto a llegar... o eso es lo que te decimos para tener nuestras fiestas. Que tú pagas.
El momento
Desde no hace mucho a nosotros nos ha dado por pensar. Se nos ocurrió discurrir que si la clase política no era la solución quizá fuera porque son parte del problema. Ya ha ocurrido antes y las respuestas, por conocidas, no dejan de ser eficaces.
Nos ignoran.
Se echan las manos a la cabeza y gritan. Señalan al adversario y le afean todas las conductas imaginables. Si es posible, añaden dramatismo e hipocresía para que los de enfrente se enerven y repliquen a su vez. El populacho, mientras, toma partido por uno y otro. Los trastos vuelan de una cabeza a otra, las reacciones provocan más reacciones hasta que olvidamos por qué estábamos discutiendo si no es para seguir haciéndolo. Fin del problema y más fiestas para ellos.
Hagan la prueba, una vez más si lo desean. Pidan que el Congreso se reduzca el sueldo a la mitad y que se prohíban las pensiones vitalicias de los ex-políticos. Consigan que 500.000 ciudadanos concienciados apoyen la Iniciativa con sus firmas. Llévenlas a la Mesa del Congreso. Esperen... esperen...
_¡Ah, qué asco los del partido de enfrente! ¡Mira lo que han hecho!
_¡Pues no digamos vosotros, que sois unos golfos! ¡Periódicos, asistidme y llenad vuestras páginas con esta última bronca!
_¡Nosotros, del partido minoritario, también metemos bulla!
_Y nosaltres també!
_¡Buuu! ¡Mirad nuestros dedos!
Y para que la Gran Broma siga, alguien tiene que meter el dedo en la llaga. Alguien que no sea muy de arriba pero que tampoco sea un don nadie en el poder. Tal vez un presidente autonómico, o presidenta.
_Pues la verdad es que tampoco es ninguna tontería lo que piden, podríamos seguir viviendo de pelotas a pesar de todo.
Cobertura inmediata de todos los medios afines. Debates televisivos sobre las palabras pronunciadas. ¿Parece el principio de algo bueno? Nada de eso: se trata de dirigir la discusión al terreno conocido. "Nos está atacando, ¿quién se ha creído que es?". "Este señor o señora no tiene ni idea, se lo ha inventado todo". "¿Inventado, dice usted? Usted sí que no tiene ni idea, ¡peléese conmigo ahora!". "¡De acuerdo, me pelearé con usted!". Aquello ya no es noticia y sí la gran pelea que dos partidos han retomado donde lo dejaron la última vez. Sólo que no es una pelea de verdad. Es una broma. La Gran Broma.
¿No ríen?
Todo vale en este espacio desde el que poner de relieve las cloacas del mundo y algunas cosas que podrían salvarlo... ¿qué te llevarías a una isla desierta?
24 abril 2012
17 enero 2012
Espurria
España es un país de mierda. Ya está, ya lo he dicho. Qué a gusto se
queda uno cuando suelta lastre, y no me hagan sacar comparaciones
odiosas y escatológicas.
Tiro del hilo y añado: España es un país de mierda pensado para mediocres. Mediocres que, además, esperan que creamos que jamás de los jamases han sido otra cosa y, al mismo tiempo, se tiran al cuello de todo aquél que se atreva a sugerir que el rey va desnudo. Sí, os he llamado mediocres. Purria. España podría llamarse Espurria y nadie podría enfadarse (mucho) por ello.
Addendum: España es un país de mierda pensado para mediocres que aspiran a seguir siéndolo. La unidad de destino en la mediocrez y el chapuceo. Las ganas locas de mantener el statu quo donde el tonto se sienta listo y todo el mundo lo corrobore, no vaya a ser que descubra su verdadera dimensión y se nos deprima, el amiguito.
Addendum ulterior: España es un país de mierda pensado para mediocres que aspiran a seguir siéndolo y que nadie saque los pies del tiesto o tenemos un lío montado. Ah, porque Espurria es además Estiña, el edén de la envidia, el paraíso donde llamas hijodeputa a aquel al que querrías parecerte y apuñalas al que es mejor que tú.
Tengo ejemplos para el niño y la niña, tollinas para todos y todas. Podríamos intentar hacer entre todos una lista de todos los ejemplos cotidianos de lo que significa "ser el clásico tontazo español" y se nos acabarían los días y no habríamos terminado. Por chapuzas, mediocres y porque nos habríamos matado entretanto.
Disfrácenlo como quieran. Rebusquen las excusas más apetecibles. Insulten con la primera palabrota que les venga a la mente. Demostrarían una españolidad fuera de toda duda. Escuece leer negro sobre blanco la puta verdad de nosotros mismos. Pero ahí seguimos. Negando lo que somos, negando a quienes quieren ser. De aquí no se mueve nadie y ay del que asome la patita por debajo de la puerta.
Somos tan mediocres que toleramos a políticos manejados como marionetas porque no tendríamos ni pajolera idea de qué hacer con el poder si lo tuviéramos entre las manos. Porque los políticos son españoles, como nosotros, y su mediocridad va pareja a la nuestra. Nos dejamos tomar el pelo cada día, pero nuestra única respuesta es "bueno, pero al de al lado también". De hecho, sólo nos enfadamos si el de al lado no se deja engañar. Pero como somos así de mediocres, nos enfadamos con él y no con quien nos quería timar a los dos. Por eso, amigo dirigente golfo apandador, puedes dormir tranquilo por las noches sabiendo que no habrá una turba a la puerta de tu casa dispuesta a echarte a patadas del pueblo. Porque primero irían a por los del partido de al lado y dispuestos a matarles. Tontérrimos que somos.
En mayo hubo una reacción. Una especie de soplo de aire que podría haber sido fresco si este país se llamara Islandia y no Espurria. De mayo a octubre, esto es, ciento ochenta días, nos atascamos en asambleas y más asambleas y más asambleas hasta para discutir quién iba primero a mear. Viva y bravo, españolitos. Hemos demostrado hasta qué extremo podemos ser mediocres. Luego algunos se quejan de lo marginal que acabó siendo el movimiento. ¿Cómo no iba a serlo? Cualquier iniciativa "que no fuera la mía" era simplemente espantosa. Cualquier voz debía durar horas para poder solazarse con el sonido de sus propios timbres, mientras el resto miran maquinando cómo reducirlas a polvo. Pero luego nos quejamos de que esto no sea Islandia o Túnez y nada haya cambiado. Si sois los primeros que no queréis que algo cambie. No lo permitiríais.
Somos tan listillos que creemos que todo vale. Y es verdad. Todo vale. Pero como somos tan mediocres como listillos y tan envidiosos como mediocres, queremos que todos lo hagamos todo al mismo tiempo. ¿Te quejas de lo inflados que están los precios desde que llegó el euro? ¿De lo carisimísimos que están los pisos y ya de paso todo lo demás? Ya, pero te cortarías la mano antes de bajar tus precios. Que lo hagan los demás primero y luego ya si eso lo harás tú. Listo, que eres un listo.
Tan listo, que finges trabajar hasta las tantas porque te han dicho que eso es lo que hacen los "currantes" y no te atreves a ser el primero en levantarse de la mesa. Eso sí, si luego una cadena de televisión sueca viene a demostrar lo pedazo de gilipollas que podemos ser nos enfadamos con los suecos. Tan listo que se te ocurre provocar un marrón de última hora y endilgárselo a quien tengas debajo para poder echarle a él la culpa. Tan listo que tienes a los becarios trabajando lo que tres por un tercio de dinero y, encima, esperas que te miren con buena cara. Tan mediocres que en cuanto subes de peldaño eres el que hace la vida del nuevo becario un infierno. Genial, jodamos al mundo porque nos han jodido antes.
Nos venden comida como si fuera de "la máxima calidad" y habría que investigar qué entienden algunos por esos palabros, tanto 'calidad' como 'máximo' y hasta qué extremo son capaces de estirarlos. En el mejor de los casos es, simplemente, comestible, y que nos comenten como algo positivo que no utilizan ingredientes podridos o de plástico es para decirles "ah, pues hombre, muchas gracias por el detalle". Para entendernos, sería como si el tipo que nos pone los cafés todas las mañanas nos avisara antes que me lo sirve asegurándome que nadie ha escupido nada en él. Como mínimo, da para sospecha. Pero en Espurria es de ley rebajarnos a lo mínimo tolerable y no remarcar las incómodas obviedades que podrían ofender a un impresentable.
Porque ser español implica que a todo lo anterior se le añada lo que reconocemos como vergüenza torera. El clásico universal del orgullo se lleva aquí de otra manera. Si a un mentiroso le llamas mentiroso, te pondrá una querella por atentado al honor. Pero es aún peor, espurrios. Somos tan mediocres que nos hemos conformado con tolerar esos mensajes, con conformarnos con lo que nos dan. Este filete sabe a zapato y me lo vendían como de primera, pero debe ser que en realidad todos los filetes de primera son así. Telefónica me tima pero es un coñazo cambiarse de compañía. Endesa intenta estafarme pero como paga unos impuestos estupendos mejor no les cerramos el chiringuito. Mi banco es una cueva de ladrones, pero es que es el de toda la vida y ya me he hecho amiguete del director de la sucursal. Esos "sí, pero" con los que amenizar las charlas de barra y seguir siendo tan mediocres como siempre, con el pecho hinchado del orgullo de creernos un poquito más listo que los que no abren la boca para protestar, demostrando ser mediocre y además idiota.
Me quejo y me quejo pero no estoy por la labor de predicar con el ejemplo. Porque diré con cara de circunstancias el muy socorrido "es que yo solo no puedo" y me quedaré satisfecho conmigo mismo.
Porque soy jodidamente español.
Tiro del hilo y añado: España es un país de mierda pensado para mediocres. Mediocres que, además, esperan que creamos que jamás de los jamases han sido otra cosa y, al mismo tiempo, se tiran al cuello de todo aquél que se atreva a sugerir que el rey va desnudo. Sí, os he llamado mediocres. Purria. España podría llamarse Espurria y nadie podría enfadarse (mucho) por ello.
Addendum: España es un país de mierda pensado para mediocres que aspiran a seguir siéndolo. La unidad de destino en la mediocrez y el chapuceo. Las ganas locas de mantener el statu quo donde el tonto se sienta listo y todo el mundo lo corrobore, no vaya a ser que descubra su verdadera dimensión y se nos deprima, el amiguito.
Addendum ulterior: España es un país de mierda pensado para mediocres que aspiran a seguir siéndolo y que nadie saque los pies del tiesto o tenemos un lío montado. Ah, porque Espurria es además Estiña, el edén de la envidia, el paraíso donde llamas hijodeputa a aquel al que querrías parecerte y apuñalas al que es mejor que tú.
Tengo ejemplos para el niño y la niña, tollinas para todos y todas. Podríamos intentar hacer entre todos una lista de todos los ejemplos cotidianos de lo que significa "ser el clásico tontazo español" y se nos acabarían los días y no habríamos terminado. Por chapuzas, mediocres y porque nos habríamos matado entretanto.
Disfrácenlo como quieran. Rebusquen las excusas más apetecibles. Insulten con la primera palabrota que les venga a la mente. Demostrarían una españolidad fuera de toda duda. Escuece leer negro sobre blanco la puta verdad de nosotros mismos. Pero ahí seguimos. Negando lo que somos, negando a quienes quieren ser. De aquí no se mueve nadie y ay del que asome la patita por debajo de la puerta.
Somos tan mediocres que toleramos a políticos manejados como marionetas porque no tendríamos ni pajolera idea de qué hacer con el poder si lo tuviéramos entre las manos. Porque los políticos son españoles, como nosotros, y su mediocridad va pareja a la nuestra. Nos dejamos tomar el pelo cada día, pero nuestra única respuesta es "bueno, pero al de al lado también". De hecho, sólo nos enfadamos si el de al lado no se deja engañar. Pero como somos así de mediocres, nos enfadamos con él y no con quien nos quería timar a los dos. Por eso, amigo dirigente golfo apandador, puedes dormir tranquilo por las noches sabiendo que no habrá una turba a la puerta de tu casa dispuesta a echarte a patadas del pueblo. Porque primero irían a por los del partido de al lado y dispuestos a matarles. Tontérrimos que somos.
En mayo hubo una reacción. Una especie de soplo de aire que podría haber sido fresco si este país se llamara Islandia y no Espurria. De mayo a octubre, esto es, ciento ochenta días, nos atascamos en asambleas y más asambleas y más asambleas hasta para discutir quién iba primero a mear. Viva y bravo, españolitos. Hemos demostrado hasta qué extremo podemos ser mediocres. Luego algunos se quejan de lo marginal que acabó siendo el movimiento. ¿Cómo no iba a serlo? Cualquier iniciativa "que no fuera la mía" era simplemente espantosa. Cualquier voz debía durar horas para poder solazarse con el sonido de sus propios timbres, mientras el resto miran maquinando cómo reducirlas a polvo. Pero luego nos quejamos de que esto no sea Islandia o Túnez y nada haya cambiado. Si sois los primeros que no queréis que algo cambie. No lo permitiríais.
Somos tan listillos que creemos que todo vale. Y es verdad. Todo vale. Pero como somos tan mediocres como listillos y tan envidiosos como mediocres, queremos que todos lo hagamos todo al mismo tiempo. ¿Te quejas de lo inflados que están los precios desde que llegó el euro? ¿De lo carisimísimos que están los pisos y ya de paso todo lo demás? Ya, pero te cortarías la mano antes de bajar tus precios. Que lo hagan los demás primero y luego ya si eso lo harás tú. Listo, que eres un listo.
Tan listo, que finges trabajar hasta las tantas porque te han dicho que eso es lo que hacen los "currantes" y no te atreves a ser el primero en levantarse de la mesa. Eso sí, si luego una cadena de televisión sueca viene a demostrar lo pedazo de gilipollas que podemos ser nos enfadamos con los suecos. Tan listo que se te ocurre provocar un marrón de última hora y endilgárselo a quien tengas debajo para poder echarle a él la culpa. Tan listo que tienes a los becarios trabajando lo que tres por un tercio de dinero y, encima, esperas que te miren con buena cara. Tan mediocres que en cuanto subes de peldaño eres el que hace la vida del nuevo becario un infierno. Genial, jodamos al mundo porque nos han jodido antes.
Nos venden comida como si fuera de "la máxima calidad" y habría que investigar qué entienden algunos por esos palabros, tanto 'calidad' como 'máximo' y hasta qué extremo son capaces de estirarlos. En el mejor de los casos es, simplemente, comestible, y que nos comenten como algo positivo que no utilizan ingredientes podridos o de plástico es para decirles "ah, pues hombre, muchas gracias por el detalle". Para entendernos, sería como si el tipo que nos pone los cafés todas las mañanas nos avisara antes que me lo sirve asegurándome que nadie ha escupido nada en él. Como mínimo, da para sospecha. Pero en Espurria es de ley rebajarnos a lo mínimo tolerable y no remarcar las incómodas obviedades que podrían ofender a un impresentable.
Porque ser español implica que a todo lo anterior se le añada lo que reconocemos como vergüenza torera. El clásico universal del orgullo se lleva aquí de otra manera. Si a un mentiroso le llamas mentiroso, te pondrá una querella por atentado al honor. Pero es aún peor, espurrios. Somos tan mediocres que nos hemos conformado con tolerar esos mensajes, con conformarnos con lo que nos dan. Este filete sabe a zapato y me lo vendían como de primera, pero debe ser que en realidad todos los filetes de primera son así. Telefónica me tima pero es un coñazo cambiarse de compañía. Endesa intenta estafarme pero como paga unos impuestos estupendos mejor no les cerramos el chiringuito. Mi banco es una cueva de ladrones, pero es que es el de toda la vida y ya me he hecho amiguete del director de la sucursal. Esos "sí, pero" con los que amenizar las charlas de barra y seguir siendo tan mediocres como siempre, con el pecho hinchado del orgullo de creernos un poquito más listo que los que no abren la boca para protestar, demostrando ser mediocre y además idiota.
Me quejo y me quejo pero no estoy por la labor de predicar con el ejemplo. Porque diré con cara de circunstancias el muy socorrido "es que yo solo no puedo" y me quedaré satisfecho conmigo mismo.
Porque soy jodidamente español.
18 mayo 2011
Podemos cambiar las cosas
Si queremos que lo que pasa en la Puerta del Sol llegue a alguna parte tenemos que hacer algo más que quedarnos ahí sentados. Tenemos que proponer ideas. Ideas capaces de convencer a todos, no sólo a unos pocos. Ideas sin ideología. Se trata, me parece a mí, de cambiar el país sin contar con los que mandan. Nos han demostrado que no sirven.
Eso implica responsabilidad. Eso implica entender que el romanticismo y el extremismo no tienen cabida.
Si se quiere cambiar toda una forma de hacer las cosas, hay que empezar por los cimientos. Muchos van por el tejado, pero se les caerá la estructura en cuanto sople una brisa.
¿Y qué cimientos son esos?
El sistema político en su más pura esencia. No, no hablo de monarquías o repúblicas, de izquierdas o derechas. Hablo de algo mucho más serio y en lo que todos estamos de acuerdo: la división de poderes.
Deberíamos clamar por jueces que estén donde estén sin un político que los haya nombrado. No, ahora mismo no es así. El poder Judicial no es independiente, y así nos luce el pelo. La mitad (sólo la mitad, pero más del doble de lo que debería ser) están a dedo por partidos políticos, eso supone que se sientan en la obligación de obedecer sus dictados.
Estamos hablando de algo muchísimo más serio que unas consignas ideológicas.
Pero en el sistema hay más ramas. Están el Ejecutivo (eso que llamamos Gobierno por no llamarlo otra cosa) y el Legislativo, que elegimos de una sentada una vez cada cuatro años. También deberíamos separarlos y exigir que, como en USA, haya dos elecciones distintas para el Ejecutivo y el Legislativo: queremos que sea esta gente la que mande y esta otra (sean del mismo grupo o no) los que hagan leyes. No queremos que el cortoplacismo de un líder y sus cálculos para seguir chupando del bote comprometa todo un país.
¿Y el Cuarto Poder?
Los medios de comunicación se precian de ser el Cuarto Poder. En realidad, desde hace algún tiempo sólo son los altavoces de los grupos que les pagan los sueldos vía publicidad o favores. Se acabaron los periodistas comprometidos con la verdad, y los pocos que existen (ejemplo neutro: Antonio Salas) se buscan la vida por su cuenta y viven de sus libros, no de sus periódicos. Sería una buena idea suprimir la opción del Gobierno de elegir a qué medio favorece más o menos. No, no es que haya una ley que se lo permita: es que no hay una que se lo prohíba. Así funcionamos aquí.
Ellos no lo harían
Seamos serios. Le dices al político de turno que estos cambios son lógicos, racionales y que sirven para que las cosas funcionen mejor y en el mejor de los casos el tipo te escucha con cara de póker mientras reflexiona:
_Este mindundi me está diciendo que quiere que se me acabe el chollo, que deje de tener a los jueces atados para que me saquen las castañas del fuego si meto la mano en la caja y a los medios controlados para que la gente sólo sepa lo que me interesa cuando me interesa, al menos los que mi grupo controla.
Le explicas que sólo pretendes que tu estúpido país funcione algo mejor y él te sigue la corriente, te da una palmadita en la espalda y corre a reunirse con los suyos a reírse de ti.
_¡Pues no va y me habla de separación de poderes! Pobre paleto.
Por ese motivo, estos cambios jamás los harán ellos. Por ese motivo, sólo nosotros podemos hacerlo.
El sistema parlamentario
Se supone que un congresista o un senador es un representante electo de un determinado lugar. Se supone que ese político responde ante sus electores de las decisiones tomadas. Se supone que esos mismos electores pueden ponerse en contacto con él y exigirle responsabilidades. La realidad es otra: esa persona es un representante de su partido, y sólo responde ante él. Durante cuatro años es inaccesible y no hay forma de pedirle cuentas de su gestión. Hay que cambiar eso: hay que conseguir que si alguien es elegido para un puesto de poder sea consciente que trabaja para alguien más que un partido y que pueden echarle.
¿Y el Senado?
Olvidemos la polémica de la representación proporcional por un momento. Supongamos que no hay partidos nacionalistas con representación inflada que, por ello, se han convertido en los únicos con todas las llaves y que con sus continuas reclamaciones lastran la capacidad de atención y acción de todo un país. Olvidemos por ahora que otros partidos con muchísimos más votos tienen muchísima menos representación.
¿Por qué? Porque no estaríamos todos de acuerdo. A ellos ya les gusta que sea así.
El Senado es importante. Allí se da permiso (o se niega) a que una ley sea aprobada o no lo sea. La única razón original de su existencia era convertirlo en la pista de aterrizaje de los partidos territoriales (no sólo nacionalistas, también regionalistas, cantonalistas, autonomistas...) y ser la voz de las provincias en contraposición a la estatal, que teóricamente era el Congreso, para así poder ser escuchadas y tenidas en cuenta.
Como no es así y están todos en el Congreso, su función actual es ser simplemente una fotocopia borrosa. Todos estaríamos de acuerdo en que se aplique la idea original y sea una Cámara de representación territorial o se suprima definitivamente.
Pero espera, ¿eso no fomenta el bipartidismo? ¿No es precisamente de lo que estamos más hartos?
Creo que de lo que estamos hartos es de políticos inútiles. De gente muy poco preparada para gobernar un país, de personas que no son más que fachada y consignas. El bipartidismo no deja de ser la consecuencia más lógica de la existencia de dos corrientes mayoritarias. No importa cuántos partidos políticos existan, al final siempre hay dos caminos: uno y otro. Izquierda y derecha.
Creo que todos estaríamos de acuerdo con que no basta con ser cualquiera para ser Presidente. La teoría es buena, pero también decían lo mismo del comunismo o del maquiavelismo.
A mí me puede gustar más o menos una ideología, pero si gana la opción que no es la mía al menos quiero pensar que el tipo que está a la cabeza es competente y puede hacer un buen trabajo. Pero para que eso sea posible antes tiene que haber pasado algo que no pasa: que la educación sea otra.
La educación
No se concibe la educación como algo que te servirá en el futuro para ser útil en algo. Ahora mismo pretende ser simplemente un filtro. No importa si aprendiste algo o no.
Como tampoco importa que los libros que tienes que leer en la edad más crítica para tener un criterio propio sean sean auténticos ladrillos infumables [¡alguien tenía que decirlo!], escritas por gente que acumula polvo en sus tumbas. ¿Pedro Páramo? ¿La Colmena? ¿Luces de Bohemia? ¿Un libro del siglo XVI? ¿¡En serio!? Pero me da que el motivo es evidente: dar a entender a la gran mayoría un mensaje:
_¡Leer es un coñazo!
Si leer es un coñazo, dejas de hacerlo. Si dejas de hacerlo, dejas de hacerte preguntas. Y si no preguntas, no protestas.
Oh, pero todos leemos. Al menos, sabemos hacerlo. Nadie puede decir que vivimos en un país analfabeto. Pero lo somos en cierto modo. Se nos inculca que el pensamiento crítico sólo puede ir alineado con un político. Que si estás con ellos estás contra nosotros. Que aquí no dimite nadie así se caiga el mundo. Que no podemos ponernos de acuerdo (pero ellos, tras las cámaras, sí). Se nos enseña a no reflexionar, a no pensar, a dejarte llevar por la moda del momento. Se nos machaca con la idea de ser productivos pero no se nos enseña a serlo.
Luego llegan los suecos y se ríen de nosotros. ¿Cómo no van a hacerlo? Se lo ponemos en bandeja.
Tampoco me parece de recibo dejar en manos locales la decisión de qué se estudia, en qué contexto y bajo qué premisas. Así nos luce a todos el pelo luego: que cada uno defiende una idea opuesta y no sabe ni entiende por qué el de enfrente habla de otra cosa, si vienen del mismo país. Obviamente no hablo de matemáticas, porque aún no se ha encontrado el modo de moldear a alguien al capricho de los números. Al tiempo.
Estas son sólo ideas genéricas y de trazo gordo. Estoy convencido que todos vosotros tenéis algo que decir. No quiero creer que no tenéis vuestra propia idea. Demostrad que podemos y sabemos estar de acuerdo sin ayuda de nadie.
Demostrad que podemos cambiar las cosas y que sabemos hacerlo mejor.
Eso implica responsabilidad. Eso implica entender que el romanticismo y el extremismo no tienen cabida.
Si se quiere cambiar toda una forma de hacer las cosas, hay que empezar por los cimientos. Muchos van por el tejado, pero se les caerá la estructura en cuanto sople una brisa.
¿Y qué cimientos son esos?
El sistema político en su más pura esencia. No, no hablo de monarquías o repúblicas, de izquierdas o derechas. Hablo de algo mucho más serio y en lo que todos estamos de acuerdo: la división de poderes.
Deberíamos clamar por jueces que estén donde estén sin un político que los haya nombrado. No, ahora mismo no es así. El poder Judicial no es independiente, y así nos luce el pelo. La mitad (sólo la mitad, pero más del doble de lo que debería ser) están a dedo por partidos políticos, eso supone que se sientan en la obligación de obedecer sus dictados.
Estamos hablando de algo muchísimo más serio que unas consignas ideológicas.
Pero en el sistema hay más ramas. Están el Ejecutivo (eso que llamamos Gobierno por no llamarlo otra cosa) y el Legislativo, que elegimos de una sentada una vez cada cuatro años. También deberíamos separarlos y exigir que, como en USA, haya dos elecciones distintas para el Ejecutivo y el Legislativo: queremos que sea esta gente la que mande y esta otra (sean del mismo grupo o no) los que hagan leyes. No queremos que el cortoplacismo de un líder y sus cálculos para seguir chupando del bote comprometa todo un país.
¿Y el Cuarto Poder?
Los medios de comunicación se precian de ser el Cuarto Poder. En realidad, desde hace algún tiempo sólo son los altavoces de los grupos que les pagan los sueldos vía publicidad o favores. Se acabaron los periodistas comprometidos con la verdad, y los pocos que existen (ejemplo neutro: Antonio Salas) se buscan la vida por su cuenta y viven de sus libros, no de sus periódicos. Sería una buena idea suprimir la opción del Gobierno de elegir a qué medio favorece más o menos. No, no es que haya una ley que se lo permita: es que no hay una que se lo prohíba. Así funcionamos aquí.
Ellos no lo harían
Seamos serios. Le dices al político de turno que estos cambios son lógicos, racionales y que sirven para que las cosas funcionen mejor y en el mejor de los casos el tipo te escucha con cara de póker mientras reflexiona:
_Este mindundi me está diciendo que quiere que se me acabe el chollo, que deje de tener a los jueces atados para que me saquen las castañas del fuego si meto la mano en la caja y a los medios controlados para que la gente sólo sepa lo que me interesa cuando me interesa, al menos los que mi grupo controla.
Le explicas que sólo pretendes que tu estúpido país funcione algo mejor y él te sigue la corriente, te da una palmadita en la espalda y corre a reunirse con los suyos a reírse de ti.
_¡Pues no va y me habla de separación de poderes! Pobre paleto.
Por ese motivo, estos cambios jamás los harán ellos. Por ese motivo, sólo nosotros podemos hacerlo.
El sistema parlamentario
Se supone que un congresista o un senador es un representante electo de un determinado lugar. Se supone que ese político responde ante sus electores de las decisiones tomadas. Se supone que esos mismos electores pueden ponerse en contacto con él y exigirle responsabilidades. La realidad es otra: esa persona es un representante de su partido, y sólo responde ante él. Durante cuatro años es inaccesible y no hay forma de pedirle cuentas de su gestión. Hay que cambiar eso: hay que conseguir que si alguien es elegido para un puesto de poder sea consciente que trabaja para alguien más que un partido y que pueden echarle.
¿Y el Senado?
Olvidemos la polémica de la representación proporcional por un momento. Supongamos que no hay partidos nacionalistas con representación inflada que, por ello, se han convertido en los únicos con todas las llaves y que con sus continuas reclamaciones lastran la capacidad de atención y acción de todo un país. Olvidemos por ahora que otros partidos con muchísimos más votos tienen muchísima menos representación.
¿Por qué? Porque no estaríamos todos de acuerdo. A ellos ya les gusta que sea así.
El Senado es importante. Allí se da permiso (o se niega) a que una ley sea aprobada o no lo sea. La única razón original de su existencia era convertirlo en la pista de aterrizaje de los partidos territoriales (no sólo nacionalistas, también regionalistas, cantonalistas, autonomistas...) y ser la voz de las provincias en contraposición a la estatal, que teóricamente era el Congreso, para así poder ser escuchadas y tenidas en cuenta.
Como no es así y están todos en el Congreso, su función actual es ser simplemente una fotocopia borrosa. Todos estaríamos de acuerdo en que se aplique la idea original y sea una Cámara de representación territorial o se suprima definitivamente.
Pero espera, ¿eso no fomenta el bipartidismo? ¿No es precisamente de lo que estamos más hartos?
Creo que de lo que estamos hartos es de políticos inútiles. De gente muy poco preparada para gobernar un país, de personas que no son más que fachada y consignas. El bipartidismo no deja de ser la consecuencia más lógica de la existencia de dos corrientes mayoritarias. No importa cuántos partidos políticos existan, al final siempre hay dos caminos: uno y otro. Izquierda y derecha.
Creo que todos estaríamos de acuerdo con que no basta con ser cualquiera para ser Presidente. La teoría es buena, pero también decían lo mismo del comunismo o del maquiavelismo.
A mí me puede gustar más o menos una ideología, pero si gana la opción que no es la mía al menos quiero pensar que el tipo que está a la cabeza es competente y puede hacer un buen trabajo. Pero para que eso sea posible antes tiene que haber pasado algo que no pasa: que la educación sea otra.
La educación
No se concibe la educación como algo que te servirá en el futuro para ser útil en algo. Ahora mismo pretende ser simplemente un filtro. No importa si aprendiste algo o no.
Como tampoco importa que los libros que tienes que leer en la edad más crítica para tener un criterio propio sean sean auténticos ladrillos infumables [¡alguien tenía que decirlo!], escritas por gente que acumula polvo en sus tumbas. ¿Pedro Páramo? ¿La Colmena? ¿Luces de Bohemia? ¿Un libro del siglo XVI? ¿¡En serio!? Pero me da que el motivo es evidente: dar a entender a la gran mayoría un mensaje:
_¡Leer es un coñazo!
Si leer es un coñazo, dejas de hacerlo. Si dejas de hacerlo, dejas de hacerte preguntas. Y si no preguntas, no protestas.
Oh, pero todos leemos. Al menos, sabemos hacerlo. Nadie puede decir que vivimos en un país analfabeto. Pero lo somos en cierto modo. Se nos inculca que el pensamiento crítico sólo puede ir alineado con un político. Que si estás con ellos estás contra nosotros. Que aquí no dimite nadie así se caiga el mundo. Que no podemos ponernos de acuerdo (pero ellos, tras las cámaras, sí). Se nos enseña a no reflexionar, a no pensar, a dejarte llevar por la moda del momento. Se nos machaca con la idea de ser productivos pero no se nos enseña a serlo.
Luego llegan los suecos y se ríen de nosotros. ¿Cómo no van a hacerlo? Se lo ponemos en bandeja.
Tampoco me parece de recibo dejar en manos locales la decisión de qué se estudia, en qué contexto y bajo qué premisas. Así nos luce a todos el pelo luego: que cada uno defiende una idea opuesta y no sabe ni entiende por qué el de enfrente habla de otra cosa, si vienen del mismo país. Obviamente no hablo de matemáticas, porque aún no se ha encontrado el modo de moldear a alguien al capricho de los números. Al tiempo.
Estas son sólo ideas genéricas y de trazo gordo. Estoy convencido que todos vosotros tenéis algo que decir. No quiero creer que no tenéis vuestra propia idea. Demostrad que podemos y sabemos estar de acuerdo sin ayuda de nadie.
Demostrad que podemos cambiar las cosas y que sabemos hacerlo mejor.
16 mayo 2011
Pecados Nacionales VI
Ayer un terremoto sacudió Lorca, un pueblo de Murcia, patria chica del imprescindible Yepes y de una conocida mía. Nueve muertos, cientos de heridos, casi todo el pueblo dañado.
De por sí la noticia es terrible, un trágala infame que de cuándo en cuándo la tierra nos receta sin que podamos hacer gran cosa por evitarlo.
En España ha habido terremotos desde que la Península es península, es decir, dos días antes del nacimiento de Fraga. La lista de terremotos es corta, pero cuajadita de desastres [1][2]. Lorca no es menos, si acaso añade una nueva triste entrada.
Aquí la tierra tiembla a menudo, pero casi siempre de forma que casi ni nos damos cuenta. A veces, por desgracia, la sacudida es lo bastante fuerte para que haya que lamentar pérdidas irreparables.
En el mapa de aquí a mi siniestra se exhiben las 'zonas calientes' de temblores, lo que demuestra que no es una novedad.
Se ve que alguien ya avisó de que algo así podía ocurrir, no hace ni tres meses. El problema es que no se puede hacer más de lo que se ha hecho: nada.
Como podemos ver el cielo, somos capaces de predecir -con mejor o peor exactitud- el tiempo que va a hacer y prevenir en lo posible. Gracias a las fases de la luna también podemos calcular con precisión las mareas del mar y plantear alternativas. Pero lo que hay debajo... eso es otro cantar.
Lo ocurrido en Lorca es muy triste. Se puede describir con más palabras, pero con el mismo resultado.
Nueve muertos son demasiados. Sobran nueve.
Para variar, los hay que sólo saben aprovecharse de este tipo de desgracias, cada cuál de un modo distinto pero igualmente amargo, desde mi modesto punto de vista.
Vivimos en unos tiempos en los que la inmediatez impone sus normas, y son duras y crueles.
El papel de la clase política, cuando pasa una desgracia, es el de representar el dolor común. Para eso están donde están y ganan lo que ganan. Podremos discutir el modo en que expresan ese dolor, habrá opiniones en muchos sentidos, pero nadie pondrá en duda que lo hacen de corazón. ¿Nadie?
Es difícil sostener esa idea si ves a unos cuántos sonriendo a la cámara en pleno minuto de silencio. De acuerdo, estamos en campaña. ¿Todo vale?
Convenimos todos - o casi - en que el gesto de salir a las puertas de cada Ayuntamiento y quedarse ahí parados un minuto es mejor que ninguno, pero eso no quiere decir que no se pueda hacer mejor. Creo que no es difícil aceptar que nada se puede hacer por quienes acaban de dejarse la vida en algo que no han provocado, ni han querido, ni se han buscado, ni nada que pueda dar lugar a cualquier cuchicheo socarrón. Precisamente por eso la tragedia es tanta. Nada menos que una bonita muestra de solidaridad, ese es el mínimo exigible. Pero incluso en esas tienen que hacerlo a su manera: convocando a los medios. Que nadie se quede sin saber que tal o cual político estuvo firme y silencioso.
No quiero criticarles hoy. No a ellos, no viendo a otros peores: los medios.
En serio, no aprenden.
Terremoto en Lorca. Muere gente, edificios derruidos o seriamente dañados. Cobertura impecable y puntual de cualquier pormenor. Quien puede, emite morbo. Quien no, lo describe. Hasta ahí, lo acostumbrado.
Los hay que creen que su forma de informar transmite cercanía con los afectados y el resto, se sienten el nexo de conexión y gozan con ello. No era esto, pero se admite a falta de nada mejor.
El problema es otro y viene después, cuando la inmediatez impone que, pasado el terremoto y pasadas las imágenes, haya que recurrir a algo más para exprimir el tema. Es la hora del alarmismo fácil.
Unos atizan al de enfrente, porque no sólo los políticos están en campaña. Basta cruzar una mínima línea y ninguno se priva de hacerlo. ¡Aprovechemos el momento sensible para meter nuestra mierda del día! ¡Mirad a ese o a esa, lo que han hecho! Les seguimos el juego publicándolo, pero... ¡ah, qué horror!
Pero incluso eso entraría dentro de lo razonable, o al menos no por novedad.
Tampoco es novedad lo que hacen otros: sacar el alarmismo a pasear en cuanto creen que eso servirá para vender más caros los anuncios. Varios informativos le han echado minutos a expandir la sensación de miedo.
¡Terremoto en Lorca! ¡Muertos, desastre, pueblo arrasado! ¡Podría pasarle a usted!
Podría pasarle a usted. ¡Suenan las alarmas! ¡Que panda el cúnico y la histeria se desboque doquiera! Si usted, avispado lector, vive en un edificio de más de treinta años, ¡desespérese! ¡Dé rienda suelta a su miedo! ¡No repare en gestos y palabras! Quéjese ante alguien, métase con alguien más bajito que usted, lanze algo o simplemente llore a gusto, porque... ¡desde ayer su vida corre un inmenso peligro!
Nadie hasta ahora se había dado cuenta de ello. Antes de ayer el concepto 'terremoto en España' era algo etéreo, irreal, una cosa que sólo sucedía en sitios muy lejanos como Japón o Californa. Por eso, nadie había tenido nunca ningún problema por vivir en edificios de más de treinta años. Es más, solían ser más apreciados cuanto más antiguos fueran hasta que se han convertido en el nuevo coco. Que pasados muchos años sigan en pie debería decir algo a su favor, y que aquí no abuden los terremotos desastrosos tampoco pero... ¿dónde estaría la noticia, entonces? ¡Un terremoto puede devastar un pueblo! ¡El suyo!
Así que déjenos cambiar su perspectiva y permítanos meterle miedo en el cuerpo. Deje de sentirse a salvo en su propia casa vieja, plantéese comprar uno nuevo -y de paso sea patriota-, monte gresca en el Ayuntamiento, concéntrse en la pueta del Colegio de Arquitectos. Si puede ser, júntense muchos y todos al mismo tiempo, eso sería aún mejor: así tendremos más cosas que sacar en los próximos informativos.
De por sí la noticia es terrible, un trágala infame que de cuándo en cuándo la tierra nos receta sin que podamos hacer gran cosa por evitarlo.
En España ha habido terremotos desde que la Península es península, es decir, dos días antes del nacimiento de Fraga. La lista de terremotos es corta, pero cuajadita de desastres [1][2]. Lorca no es menos, si acaso añade una nueva triste entrada.
Aquí la tierra tiembla a menudo, pero casi siempre de forma que casi ni nos damos cuenta. A veces, por desgracia, la sacudida es lo bastante fuerte para que haya que lamentar pérdidas irreparables.
En el mapa de aquí a mi siniestra se exhiben las 'zonas calientes' de temblores, lo que demuestra que no es una novedad.
Se ve que alguien ya avisó de que algo así podía ocurrir, no hace ni tres meses. El problema es que no se puede hacer más de lo que se ha hecho: nada.
Como podemos ver el cielo, somos capaces de predecir -con mejor o peor exactitud- el tiempo que va a hacer y prevenir en lo posible. Gracias a las fases de la luna también podemos calcular con precisión las mareas del mar y plantear alternativas. Pero lo que hay debajo... eso es otro cantar.
Lo ocurrido en Lorca es muy triste. Se puede describir con más palabras, pero con el mismo resultado.
Nueve muertos son demasiados. Sobran nueve.
Para variar, los hay que sólo saben aprovecharse de este tipo de desgracias, cada cuál de un modo distinto pero igualmente amargo, desde mi modesto punto de vista.
Vivimos en unos tiempos en los que la inmediatez impone sus normas, y son duras y crueles.
El papel de la clase política, cuando pasa una desgracia, es el de representar el dolor común. Para eso están donde están y ganan lo que ganan. Podremos discutir el modo en que expresan ese dolor, habrá opiniones en muchos sentidos, pero nadie pondrá en duda que lo hacen de corazón. ¿Nadie?
Es difícil sostener esa idea si ves a unos cuántos sonriendo a la cámara en pleno minuto de silencio. De acuerdo, estamos en campaña. ¿Todo vale?
Convenimos todos - o casi - en que el gesto de salir a las puertas de cada Ayuntamiento y quedarse ahí parados un minuto es mejor que ninguno, pero eso no quiere decir que no se pueda hacer mejor. Creo que no es difícil aceptar que nada se puede hacer por quienes acaban de dejarse la vida en algo que no han provocado, ni han querido, ni se han buscado, ni nada que pueda dar lugar a cualquier cuchicheo socarrón. Precisamente por eso la tragedia es tanta. Nada menos que una bonita muestra de solidaridad, ese es el mínimo exigible. Pero incluso en esas tienen que hacerlo a su manera: convocando a los medios. Que nadie se quede sin saber que tal o cual político estuvo firme y silencioso.
No quiero criticarles hoy. No a ellos, no viendo a otros peores: los medios.
En serio, no aprenden.
Terremoto en Lorca. Muere gente, edificios derruidos o seriamente dañados. Cobertura impecable y puntual de cualquier pormenor. Quien puede, emite morbo. Quien no, lo describe. Hasta ahí, lo acostumbrado.
Los hay que creen que su forma de informar transmite cercanía con los afectados y el resto, se sienten el nexo de conexión y gozan con ello. No era esto, pero se admite a falta de nada mejor.
El problema es otro y viene después, cuando la inmediatez impone que, pasado el terremoto y pasadas las imágenes, haya que recurrir a algo más para exprimir el tema. Es la hora del alarmismo fácil.
Unos atizan al de enfrente, porque no sólo los políticos están en campaña. Basta cruzar una mínima línea y ninguno se priva de hacerlo. ¡Aprovechemos el momento sensible para meter nuestra mierda del día! ¡Mirad a ese o a esa, lo que han hecho! Les seguimos el juego publicándolo, pero... ¡ah, qué horror!
Pero incluso eso entraría dentro de lo razonable, o al menos no por novedad.
Tampoco es novedad lo que hacen otros: sacar el alarmismo a pasear en cuanto creen que eso servirá para vender más caros los anuncios. Varios informativos le han echado minutos a expandir la sensación de miedo.
¡Terremoto en Lorca! ¡Muertos, desastre, pueblo arrasado! ¡Podría pasarle a usted!
Podría pasarle a usted. ¡Suenan las alarmas! ¡Que panda el cúnico y la histeria se desboque doquiera! Si usted, avispado lector, vive en un edificio de más de treinta años, ¡desespérese! ¡Dé rienda suelta a su miedo! ¡No repare en gestos y palabras! Quéjese ante alguien, métase con alguien más bajito que usted, lanze algo o simplemente llore a gusto, porque... ¡desde ayer su vida corre un inmenso peligro!
Nadie hasta ahora se había dado cuenta de ello. Antes de ayer el concepto 'terremoto en España' era algo etéreo, irreal, una cosa que sólo sucedía en sitios muy lejanos como Japón o Californa. Por eso, nadie había tenido nunca ningún problema por vivir en edificios de más de treinta años. Es más, solían ser más apreciados cuanto más antiguos fueran hasta que se han convertido en el nuevo coco. Que pasados muchos años sigan en pie debería decir algo a su favor, y que aquí no abuden los terremotos desastrosos tampoco pero... ¿dónde estaría la noticia, entonces? ¡Un terremoto puede devastar un pueblo! ¡El suyo!
Así que déjenos cambiar su perspectiva y permítanos meterle miedo en el cuerpo. Deje de sentirse a salvo en su propia casa vieja, plantéese comprar uno nuevo -y de paso sea patriota-, monte gresca en el Ayuntamiento, concéntrse en la pueta del Colegio de Arquitectos. Si puede ser, júntense muchos y todos al mismo tiempo, eso sería aún mejor: así tendremos más cosas que sacar en los próximos informativos.
09 mayo 2011
Quiero ser banco
A nadie le gusta sentirse el perdedor en una historia de finales agridulces. Si alguien señala con el dedo al responsable de un mal, éste tenderá a defenderse o a echar a su vez la culpa a otros en una espiral sin fin que, precisamente, es lo bueno que tiene: que de tanto mirar para otro lado al final no paga nadie el pato.
Los perdedores de mi primera paja mental en dos años son todos aquellos que se metieron en hipotecas a partir de 2007. Mucha gente que en su fuero interno tienen cara de primo y, precisamente por ello, luchan como fieras por librarse del sambenito (para los de la LOGSE: era un traje especial que hacían ponerse a los malos cristianos cuando les pillaban, lo de San-Benito-todo-junto es otra historia).
Se habla mucho de 'especulación', y a mí, como me divierte toda palabra que tenga un culo, me da la risa floja cuando tantos y tantos alzan sus voces contra los 'especuladores' [pfff] que han causado la 'burbuja inmobiliaria' a causa de las 'recalificaciones del suelo' promovidas por 'grupos de presión' hacia 'elementos municipales presuntamente imputados por cohecho y apropiación indebida' que...
¿Lo veis? Es muy fácil perder el hilo. ¡Mire mi dedo, mírelo bien, qué bonito es mi dedo!
¿Qué pasa con los pisos?
Según el Instituto Nacional de Estadística, el INE para los iniciados, en 2010 el número de hipotecas constituidas (LOGSIANOS: gente que no tenía pasta para un piso y pidió prestado al banco) para cualquier tipo de casas era de... tachán tachán...
_¿Cero?
_¿Menos mil?
Casi. Novecientos cincuenta y seis mil ciento veintisiete. Vedlo en números, que impresiona todavía más: 956.127 hipotecas nuevas.
¿Pero no habíamos quedado en que el precio de la vivienda en España estaba sobrevalorada desde hacía tiempo? ¿No se supone que está todo el mundo (toooodo el mundo) gritando cosas como 'los bancos', 'los especuladores', 'los mercados' y 'que la vivienda baje ya, coño'?
Asegurémonos. Todos estamos de acuerdo con que "la crisis" empezó formalmente desde 2008, que es cuando a ZP se le escapó por primera vez ese palabro.
Dicho esto, en 2009 se constituyeron 1.082.587 hipotecas nuevas. En 2008, año de pánico y crujir de dientes, 1.283.374.
Teniendo en cuenta, siempre según el dichoso INE, que el precio medio de vivienda en España está en 1.825,5 leuros el metro cuadrado (un precio muy alto), ¿debemos entender que, según el INE, hay más de 3 millones de gilipollas? La respuesta, amigos míos, es un rotundo no: en España hay 14.722.533 gilipollas, que son los que pagan el impuesto por ser persona física. Para ser un país de casi 50 millones, aquí hay mucho golfo suelto que, en lugar de pagar al Estado, le paga al constructor, ¿y extraña que incluso con crisis y los pisos sobrevalorados haya gente que los compre?
_Será que no hay mucho donde elegir y por eso los pisos son caros.
El inmenso erial (céntrico, muy luminoso, exterior, preciosas vistas, mejor ver)
En 2001 (no encuentro datos más recientes) había 3,1 millones de pisos vacíos. El 80% de la costa de España, desde un kilómetro atrás del litoral, está ocupado por viviendas. Eso, amigos, es más de 2500 kilómetros de casa. A mí me huele un poco a chamusquina.
Supongamos (ingenuamente) que la construcción de estos últimos diez años ha ido al mismo ritmo que la compra de pisos y que todo piso que se ha construido ya tenía comprador. Olvidemos Seseñas y Valdeluces y metámoslas en el saco de paparruchas imaginarias para asustar a los niños. Seguiría habiendo 3 millones de viviendas deshabitadas.
¿Qué pasó?
Supón que tienes un dinerillo y eres amigo de un alcalde de pueblo costero. Has leído que muchos guiris invaden España en busca de un retiro dorado al más puro estilo (cutre) de Florida o Atlantic City sin casinos pero con bingos. Te has enterado de un terreno a diez kilómetros del mar (o de la ciudad) que se vende por cuatro perras porque no vale ni para sembrar (todos los terrenos más cercanos a la playa, repito, todos, ya están cogidos). Coges al alcalde y le prometes un diez por ciento. El tipo te lo recalifica en urbanizable en lo que tarda en decir 'qué hay de lo mío'.
Has oído que los costes de construcción se reducen cuanto más gordo sea el proyecto (y más sacas al mismo tiempo), así que en lugar de hacerte una casita con jardinazo versallesco, que valdría un millón, decides hacer una macrourbanización de 60.000 viviendas a 300.000 la unidad. Echas cuentas y la cifra te produce micro-orgasmos oculares. Mentalmente ya tienes el megayate, el jet privado y el palacio en los Hamptons.
Te pones a construir, por fuera muy vistoso pero con los materiales más baratos posibles. No terminas de verlo vendible. Ya hay mucha urba, mires donde mires hay casas, has puesto mucho dinero en juego y todo esto lo estás haciendo para forrarte, no lo olvides. Lees en alguna parte que un campo de golf, por cutre que sea, revaloriza las viviendas un 20% sólo por el hecho de que haya verde alrededor. Si además difundes que lo ha diseñado un golfista profesional, aunque sea el número 800 del mundo, la cosa se dispara. Visualizas una isla en el Índico y tú clavando un cartel con "Propiedad Privada" escrito en él.
La acabas. Cóctel de inauguración, señores traje oscuro, señoras traje largo, SRC. Un famosete de animador y un par de fulanas repartiendo puros para caldear el ambiente. Un par de periodistas a sueldo te cubren el evento, tus manos están desolladas de tanto frotártelas... vas a forrártela de oro, ¿qué podría salir mal?
Lo que no sale en los periódicos hasta que es demasiado tarde
Escoge la opción que prefieras:
a. Alguien de la oposición se ha enterado del chanchullo y, como no ha pillado cacho, se ha ido de la lengua. El alcalde está imputado (presuntamente), no coge el teléfono y se ha paralizado la concesión de las cédulas de habitabilidad.
b. Un informe de impacto medioambiental que nadie había querido leer llega a manos de un periodista con síndrome de Woodward y te monta un circo mediático. El alcalde no se pone ni en el despacho. El Ministerio de Medio Ambiente interviene con la UME. Greenpeace saca sus ballenas. Oyes las máquinas de derribo llegando en la distancia.
c. No vendes ni un triste bajo. La competencia te la tiene jurada y te las clavan todas. El alcalde se ha vendido a otro y te ha borrado del messenger. Los proveedores hacen cola con garrotas. No tienes ni para el autobús.
d. Se te acaba el dinero antes de acabar las obras. Incluso con lo que has ganado vendiendo sobre plano estás seco (obviamente, en lo que respecta a la legalidad). Amarras con lo que puedes y te fugas con la secretaria pechugona. Tiras el móvil al mar y que le den por culo al alcalde.
e. Todo era un pufo pensado para llevarte cuanto más, mejor. Te lo montas para que los estafados sean todos hijos de la gran Bretaña. Le dejas el marrón a un Ministro y que el alcalde se las apañe como pueda. No tenías teléfono ni lo tienes ahora. Te vas a la República Dominicana.
¿Resultado? Una panzá de casas que no sirven ni de adorno y unos cuántos campos de golf que merecen trasvases, broncas y unas cuantas bofetadas que se llevan hasta los que no tienen culpa. Y es que, ocurra lo que ocurra, al final siempre aparece un señor de Murcia.
Aquí pringamos todos
Venga, hablemos como adultos. Aquí hubo mucho listo que quiso subirse a la cresta de la ola cuando venía crecida y esperaba convertir el barro cocido (ladrillo) y la arena solidificada (cemento) en oro. Vieron la oportunidad y montaron inmobiliarias, constructoras y demás y esperaron la lluvia de maná en metálico. Se volvieron locos (¡más ladrillo, es la guerra!) y de pronto se dieron cuenta que se habían pasado un poco, pero sólo un poco: había más casas que gente. Así que se inventaron un bulo ("Comprar es invertir. La vivienda nunca baja. En España hay cultura de compra, no de alquiler") y se aprovecharon que Trichet (un tipo que sólo decide cuánto vale el dinero) estaba en plan generoso para que todo quisque presumiera de metros cuadrados, zonas comunes, acabados de lujo, memorias de calidades y domótica en el baño.
¿Cuántos borregos balaron al mismo tiempo y corrieron a su inmobiliaria más cercana? ¿Tú, astuto lector, fuiste uno de ellos? No te preocupes, no te vamos a tirar huevos. Por no hacer, ni siquiera te vamos a dar una palmadita en la espalda. A fin de cuentas, tú también querías ser un listo. No podías quedarte con la sensación de que podrías haber ganado un dineral por poner tu firma en un par de escrituras, la de compra y la de venta, y no haberlo hecho. Tú también querías dinero fácil. Los malos, todos lo sabemos, son los bancos.
¡Ah, el Eje del Vil Metal! ¡Sus et aellos!
Ellos te obligaron con cantos de sirena, ofreciéndote incluso más de lo que necesitabas, incitándote a que con ese dinero compraras muebles, ¿y por qué no un coche? ¿Y unas buenas vacaciones después? Oh, qué odiosos.
Los bancos. Yo de mayor quiero ser banco: cojo, hago lo que me sale de los huevos, utilizo dinero que no es mío y juego con él a mi entero capricho, me dejo timar pese a mis cuatro másteres y posgrados por otros bancos que quieren quedárselo todo, lo pierdo en un visto y no visto y, ¿qué hago? Pido más.
'Rescate financiero' al canto, pánico desatado e histeria colectiva. Es que vivir sin bancos suena taaan siglo XIX...
Pero lo mejor, lo más genial de todo esto, ¿sabéis qué es? Que no pasa nada ni va a pasar nada.
Ir pa' ná es tontería
Sí, mucho twitteo nervioso, algún grupo en Facebook, estas mismas líneas apresuradas... pero aquí se acaba. Nadie irá a protestar, ni a retirar sus ahorros, ni a exigir penas de cárcel. Y al próximo que se prejubile con un bonus de nuestros millones, le desearemos externamente lo peor mientras internamente desearemos ser él y tener un momento para preguntarle sin ocultar nuestra admiración:
_Tío, en serio, ¿cómo lo haces?
Y así funcionan las cosas. Unos pocos que tienen mucho y unos muchos que tienen poco. Equilibrio comercial, lo llaman.
No todos lo aceptan sin más, claro. El lenguaje ultra-progre está trufadito de expresiones grandilocuentes como 'redistribución', 'comercio justo', 'altermundismo'. Piensan que con sus palabras (sus actos no siempre son congruentes) moverán conciencias y apelarán a la generosidad del mundo occidental. Pero la base del problema no está en si la gente es más o menos generosa: ya sabemos que no lo es, y que la tendencia, por sistema, es arañar cuanto más, mejor. Ellos los primeros.
El lenguaje liberal (o neo-liberal, en función de a quién pregunte) está igualmente plagadito de mensajes inspiradores [oooh!] como 'libertad de mercado', 'supresión de barreras comerciales' o 'globalización de los mercados'. Éstos apelan a la otra parte de la conciencia, la avaricia, porque otra cosa no, pero de eso no se conoce aún el límite. Si alguien tiene mucho, la norma es que quiera más porque gasta más y necesita más en una espiral interminable. Luego, cuando has traspasado la frontera de lo grotesco y estás entre los diez tipos más ricos del mundo, te puedes permitir gestos como donar la mitad de tu inagotable fortuna, comprar una mina de plata porque te apetece hacer algo por tu pueblo o montarte ONG's. Pero para eso, tienes que haber ansiado amasar y amasar y amasar dinero. Y conseguirlo.
El canon (LOGSE: lo normal) dice que los que buscan algo parecido a justicia representan el Bien y los que sólo miran por ellos y están dispuestos a todo para lograrlo, el Mal. Pero el canon también dice que el Bien siempre gana.
¿Y quién gana siempre? La banca.
Los perdedores de mi primera paja mental en dos años son todos aquellos que se metieron en hipotecas a partir de 2007. Mucha gente que en su fuero interno tienen cara de primo y, precisamente por ello, luchan como fieras por librarse del sambenito (para los de la LOGSE: era un traje especial que hacían ponerse a los malos cristianos cuando les pillaban, lo de San-Benito-todo-junto es otra historia).
Se habla mucho de 'especulación', y a mí, como me divierte toda palabra que tenga un culo, me da la risa floja cuando tantos y tantos alzan sus voces contra los 'especuladores' [pfff] que han causado la 'burbuja inmobiliaria' a causa de las 'recalificaciones del suelo' promovidas por 'grupos de presión' hacia 'elementos municipales presuntamente imputados por cohecho y apropiación indebida' que...
¿Lo veis? Es muy fácil perder el hilo. ¡Mire mi dedo, mírelo bien, qué bonito es mi dedo!
¿Qué pasa con los pisos?
Según el Instituto Nacional de Estadística, el INE para los iniciados, en 2010 el número de hipotecas constituidas (LOGSIANOS: gente que no tenía pasta para un piso y pidió prestado al banco) para cualquier tipo de casas era de... tachán tachán...
_¿Cero?
_¿Menos mil?
Casi. Novecientos cincuenta y seis mil ciento veintisiete. Vedlo en números, que impresiona todavía más: 956.127 hipotecas nuevas.
¿Pero no habíamos quedado en que el precio de la vivienda en España estaba sobrevalorada desde hacía tiempo? ¿No se supone que está todo el mundo (toooodo el mundo) gritando cosas como 'los bancos', 'los especuladores', 'los mercados' y 'que la vivienda baje ya, coño'?
Asegurémonos. Todos estamos de acuerdo con que "la crisis" empezó formalmente desde 2008, que es cuando a ZP se le escapó por primera vez ese palabro.
Dicho esto, en 2009 se constituyeron 1.082.587 hipotecas nuevas. En 2008, año de pánico y crujir de dientes, 1.283.374.
Teniendo en cuenta, siempre según el dichoso INE, que el precio medio de vivienda en España está en 1.825,5 leuros el metro cuadrado (un precio muy alto), ¿debemos entender que, según el INE, hay más de 3 millones de gilipollas? La respuesta, amigos míos, es un rotundo no: en España hay 14.722.533 gilipollas, que son los que pagan el impuesto por ser persona física. Para ser un país de casi 50 millones, aquí hay mucho golfo suelto que, en lugar de pagar al Estado, le paga al constructor, ¿y extraña que incluso con crisis y los pisos sobrevalorados haya gente que los compre?
_Será que no hay mucho donde elegir y por eso los pisos son caros.
El inmenso erial (céntrico, muy luminoso, exterior, preciosas vistas, mejor ver)
En 2001 (no encuentro datos más recientes) había 3,1 millones de pisos vacíos. El 80% de la costa de España, desde un kilómetro atrás del litoral, está ocupado por viviendas. Eso, amigos, es más de 2500 kilómetros de casa. A mí me huele un poco a chamusquina.
Supongamos (ingenuamente) que la construcción de estos últimos diez años ha ido al mismo ritmo que la compra de pisos y que todo piso que se ha construido ya tenía comprador. Olvidemos Seseñas y Valdeluces y metámoslas en el saco de paparruchas imaginarias para asustar a los niños. Seguiría habiendo 3 millones de viviendas deshabitadas.
¿Qué pasó?
Supón que tienes un dinerillo y eres amigo de un alcalde de pueblo costero. Has leído que muchos guiris invaden España en busca de un retiro dorado al más puro estilo (cutre) de Florida o Atlantic City sin casinos pero con bingos. Te has enterado de un terreno a diez kilómetros del mar (o de la ciudad) que se vende por cuatro perras porque no vale ni para sembrar (todos los terrenos más cercanos a la playa, repito, todos, ya están cogidos). Coges al alcalde y le prometes un diez por ciento. El tipo te lo recalifica en urbanizable en lo que tarda en decir 'qué hay de lo mío'.
Has oído que los costes de construcción se reducen cuanto más gordo sea el proyecto (y más sacas al mismo tiempo), así que en lugar de hacerte una casita con jardinazo versallesco, que valdría un millón, decides hacer una macrourbanización de 60.000 viviendas a 300.000 la unidad. Echas cuentas y la cifra te produce micro-orgasmos oculares. Mentalmente ya tienes el megayate, el jet privado y el palacio en los Hamptons.
Te pones a construir, por fuera muy vistoso pero con los materiales más baratos posibles. No terminas de verlo vendible. Ya hay mucha urba, mires donde mires hay casas, has puesto mucho dinero en juego y todo esto lo estás haciendo para forrarte, no lo olvides. Lees en alguna parte que un campo de golf, por cutre que sea, revaloriza las viviendas un 20% sólo por el hecho de que haya verde alrededor. Si además difundes que lo ha diseñado un golfista profesional, aunque sea el número 800 del mundo, la cosa se dispara. Visualizas una isla en el Índico y tú clavando un cartel con "Propiedad Privada" escrito en él.
La acabas. Cóctel de inauguración, señores traje oscuro, señoras traje largo, SRC. Un famosete de animador y un par de fulanas repartiendo puros para caldear el ambiente. Un par de periodistas a sueldo te cubren el evento, tus manos están desolladas de tanto frotártelas... vas a forrártela de oro, ¿qué podría salir mal?
Lo que no sale en los periódicos hasta que es demasiado tarde
Escoge la opción que prefieras:
a. Alguien de la oposición se ha enterado del chanchullo y, como no ha pillado cacho, se ha ido de la lengua. El alcalde está imputado (presuntamente), no coge el teléfono y se ha paralizado la concesión de las cédulas de habitabilidad.
b. Un informe de impacto medioambiental que nadie había querido leer llega a manos de un periodista con síndrome de Woodward y te monta un circo mediático. El alcalde no se pone ni en el despacho. El Ministerio de Medio Ambiente interviene con la UME. Greenpeace saca sus ballenas. Oyes las máquinas de derribo llegando en la distancia.
c. No vendes ni un triste bajo. La competencia te la tiene jurada y te las clavan todas. El alcalde se ha vendido a otro y te ha borrado del messenger. Los proveedores hacen cola con garrotas. No tienes ni para el autobús.
d. Se te acaba el dinero antes de acabar las obras. Incluso con lo que has ganado vendiendo sobre plano estás seco (obviamente, en lo que respecta a la legalidad). Amarras con lo que puedes y te fugas con la secretaria pechugona. Tiras el móvil al mar y que le den por culo al alcalde.
e. Todo era un pufo pensado para llevarte cuanto más, mejor. Te lo montas para que los estafados sean todos hijos de la gran Bretaña. Le dejas el marrón a un Ministro y que el alcalde se las apañe como pueda. No tenías teléfono ni lo tienes ahora. Te vas a la República Dominicana.
¿Resultado? Una panzá de casas que no sirven ni de adorno y unos cuántos campos de golf que merecen trasvases, broncas y unas cuantas bofetadas que se llevan hasta los que no tienen culpa. Y es que, ocurra lo que ocurra, al final siempre aparece un señor de Murcia.
Aquí pringamos todos
Venga, hablemos como adultos. Aquí hubo mucho listo que quiso subirse a la cresta de la ola cuando venía crecida y esperaba convertir el barro cocido (ladrillo) y la arena solidificada (cemento) en oro. Vieron la oportunidad y montaron inmobiliarias, constructoras y demás y esperaron la lluvia de maná en metálico. Se volvieron locos (¡más ladrillo, es la guerra!) y de pronto se dieron cuenta que se habían pasado un poco, pero sólo un poco: había más casas que gente. Así que se inventaron un bulo ("Comprar es invertir. La vivienda nunca baja. En España hay cultura de compra, no de alquiler") y se aprovecharon que Trichet (un tipo que sólo decide cuánto vale el dinero) estaba en plan generoso para que todo quisque presumiera de metros cuadrados, zonas comunes, acabados de lujo, memorias de calidades y domótica en el baño.
¿Cuántos borregos balaron al mismo tiempo y corrieron a su inmobiliaria más cercana? ¿Tú, astuto lector, fuiste uno de ellos? No te preocupes, no te vamos a tirar huevos. Por no hacer, ni siquiera te vamos a dar una palmadita en la espalda. A fin de cuentas, tú también querías ser un listo. No podías quedarte con la sensación de que podrías haber ganado un dineral por poner tu firma en un par de escrituras, la de compra y la de venta, y no haberlo hecho. Tú también querías dinero fácil. Los malos, todos lo sabemos, son los bancos.
¡Ah, el Eje del Vil Metal! ¡Sus et aellos!
Ellos te obligaron con cantos de sirena, ofreciéndote incluso más de lo que necesitabas, incitándote a que con ese dinero compraras muebles, ¿y por qué no un coche? ¿Y unas buenas vacaciones después? Oh, qué odiosos.
Los bancos. Yo de mayor quiero ser banco: cojo, hago lo que me sale de los huevos, utilizo dinero que no es mío y juego con él a mi entero capricho, me dejo timar pese a mis cuatro másteres y posgrados por otros bancos que quieren quedárselo todo, lo pierdo en un visto y no visto y, ¿qué hago? Pido más.
'Rescate financiero' al canto, pánico desatado e histeria colectiva. Es que vivir sin bancos suena taaan siglo XIX...
Pero lo mejor, lo más genial de todo esto, ¿sabéis qué es? Que no pasa nada ni va a pasar nada.
Ir pa' ná es tontería
Sí, mucho twitteo nervioso, algún grupo en Facebook, estas mismas líneas apresuradas... pero aquí se acaba. Nadie irá a protestar, ni a retirar sus ahorros, ni a exigir penas de cárcel. Y al próximo que se prejubile con un bonus de nuestros millones, le desearemos externamente lo peor mientras internamente desearemos ser él y tener un momento para preguntarle sin ocultar nuestra admiración:
_Tío, en serio, ¿cómo lo haces?
Y así funcionan las cosas. Unos pocos que tienen mucho y unos muchos que tienen poco. Equilibrio comercial, lo llaman.
No todos lo aceptan sin más, claro. El lenguaje ultra-progre está trufadito de expresiones grandilocuentes como 'redistribución', 'comercio justo', 'altermundismo'. Piensan que con sus palabras (sus actos no siempre son congruentes) moverán conciencias y apelarán a la generosidad del mundo occidental. Pero la base del problema no está en si la gente es más o menos generosa: ya sabemos que no lo es, y que la tendencia, por sistema, es arañar cuanto más, mejor. Ellos los primeros.
El lenguaje liberal (o neo-liberal, en función de a quién pregunte) está igualmente plagadito de mensajes inspiradores [oooh!] como 'libertad de mercado', 'supresión de barreras comerciales' o 'globalización de los mercados'. Éstos apelan a la otra parte de la conciencia, la avaricia, porque otra cosa no, pero de eso no se conoce aún el límite. Si alguien tiene mucho, la norma es que quiera más porque gasta más y necesita más en una espiral interminable. Luego, cuando has traspasado la frontera de lo grotesco y estás entre los diez tipos más ricos del mundo, te puedes permitir gestos como donar la mitad de tu inagotable fortuna, comprar una mina de plata porque te apetece hacer algo por tu pueblo o montarte ONG's. Pero para eso, tienes que haber ansiado amasar y amasar y amasar dinero. Y conseguirlo.
El canon (LOGSE: lo normal) dice que los que buscan algo parecido a justicia representan el Bien y los que sólo miran por ellos y están dispuestos a todo para lograrlo, el Mal. Pero el canon también dice que el Bien siempre gana.
¿Y quién gana siempre? La banca.
09 noviembre 2009
Comunistas en 2009
Hoy se cumplen 20 años de la caída del muro de Berlín. Se supone que el aniversario no celebra la demolición de un muro sino la caída de todo un sistema, el comunista, cuya teoría les sonará bonita a unos cuántos pero cuya práctica no piensa lo mismo.
La historia, en clave logsiana, vendría a ser más o menos así:
El 8 de mayo de 1945 termina oficialmente la II Guerra Mundial. Alemania se rinde incondicionalmente y, como le habían dado mucho para el pelo, ni siquiera era capaz de mantenerse a sí misma. Los ganadores -USA, UK y la URSS- decidieron repartirse el país en función de los pedacitos que habían conseguido invadir. Como Francia esperaba que su grandeur siguiera como estaba (y De Gaulle sabía llorar muy bien, el jodío) también la incluyeron en el lote.
Pero claro, no puedes invitar a merendar a un mod, un rockabilly, un bakala techtonik y a un soviético [N del T: los rusos nos han legado muchas cosas útiles como el vodka o las matroshkas, pero no tribus urbanas] sin que lluevan hostias. Así que en 1949 los primeros decidieron juntar sus pedacitos y formar un país al que llamarían República Federal Alemana (RFA). A los rusos no les hizo ninguna gracia y, como no querían sentirse menos, no tardaron ni seis meses en montarse una réplica que llamaron República Democrática Alemana (RDA) no sin cierto sentido irónico del humor, por lo de 'democrática' más que nada.
Las cosas habrían transcurrido de algún modo diferente de no haber un pequeño inconveniente: no sólo se había troceado Alemania. Berlín también había sido cuarteada siguiendo el mismo modelo: el oeste de la ciudad era "propiedad" occidental (tres sectores inglés, francés y yankee) y el este soviético. Para ir de un sector a otro se necesitaba tener un salvoconducto o un pase. Cosa chunga cuando tenías el salón en zona inglesa y la cocina en zona soviética. Las tres zonas occidentales se unieron formando el Berlín Occidental, que aunque se decía que era parte de la RFA en realidad era más un minipaís que otra cosa.
Una vez montados los paripés de los países, pudieron ignorarse mutuamente mirándose de soslayo en plan 'mucho ojito conmigo, tío, que tengo armas nucleares hasta en el ojete'. Al invento lo llamaron Guerra Fría porque por la época no había una Leire Pajín que le diera un nombre más planetario y que molara.
Así, en Berlín había barrios comunistas y barrios capitalistas. Al principio las fronteras eran bastante de risas (un poco como las de Andorra, sin Guardia Civil pero con tanques más pendientes de los tanques del otro lado que de comprobar quién cruzaba) y los berlineses del este (y en general gente del Bloque del Este) cruzaba a cascoporro como quien dice que va a por tabaco y no vuelve. Se dice que de 1949 a 1961 cruzaron unos 3 millones de personas. Ahí es nada. Lo raro es que quedara alguien, visto lo visto.
Pero quedaba la gente suficiente para que los mandamases de la RDA dieran un puñetazo a la mesa y gritaran 'hasta aquí llegamos, camaradas'. Si el paraíso socialista [la RDA era, de largo, el más mejor de todos] no bastaba con retener a la gente, tal vez un "obstáculo" les ayudara a pensárselo mejor.
El 13 de agosto de 1961 se cerró la frontera a cal y canto. Nadie entra y nadie sale. Se bloquearon los túneles del metro y todos los autobuses que cruzaban la frontera dejaron de funcionar. Como resultaba complicado explicar que lo construían para dejar de perder gente, se dijo que el muro era un muro de "protección antifascista", aunque curiosamente las 'protecciones' estaban del lado de la RDA, pero eso no eran más que futesas, minucias de un plano leído al revés. Que hasta los eficientes alemanes meten el cuezo alguna vez.
De ahí que, toda vez que el Muro de piedra y hormigón rodeaba completamente la zona "capitalista", llegara un tal John Fitzgerald Kennedy (JFK para los amigos del aeropuerto de Nueva York) en el 63 y dijera "ich bin ein Berliner", que vendría a ser algo así como 'yo soy un dónut relleno de crema'. Aquella revelación, claro, dejó al camarada Jrushov (Nikita para Elton John) algo confuso, tal y como confesaría en su diario personal: 'yo siempre creí que en realidad era un panellet, esto demuestra que no se puede confiar en los burgueses capitalistas. Yo por mi parte prefiero seguir siendo una eficiente chapatita candeal'.
Así, el mundo siguió girando unos cuantos años. La RDA ganaba medallas en los Juegos gracias a sus travestis, se jugó un RDA-RFA en un Mundial de fútbol y todos contentos, comunistas unos y capitalistas (o demócratas, como se prefiera) los otros.
Pero el invento no podía durar. Ya lo intuía Gorbachov (el tipo de la mancha en la calva) cuando llegó al poder en el 85. Checoslovaquia se les había sublevado unos años antes y Polonia tampoco parecía muy dispuesta a seguir bailando el agua. Hungría se desangraba, Yugoslavia se agrietaba y Rumanía tenía a los Ceaucescu, que no es poco.
Así las cosas, el bueno de Mijaíl se inventó la perestroika, que en cristiano vendría a significar 'vale, yo también quiero un Rólex'. Empezaron entrando productos y divisas, pero al final acabó saliendo la gente. Lo descubrieron unos campistas húngaros cuando se perdieron por el bosque: andando, andando, llegaron a Viena y nadie les había dado el alto. Era el verano de 1989 y la voz corrió como la pólvora. Como entre los Países del Este no había controles en las fronteras, a nadie pareció sorprenderle que de repente a muchos les apeteciera pasar unos días en Hungría. Lo que pasa es que no se les volvía a ver el pelo, a los jodíos. Y es que unos días antes Budapest había abierto sus fronteras con Austria, sin restricciones pero también sin avisar. El Telón de Acero tenía un boquete.
Poco después dimitía Honecker, jerifalte de la RDA. Y tras él se fue todo el gabinete. Ya nadie creía en el invento y no sabían cómo salir del atolladero. La URSS no se ponía al teléfono ('¡soy una rica chapata candeal, soy una rica chapata candeal!') y la Stasi -el CNI versión chunga- ya no tenía a quién espiar. Estaban gordos y aburridos.
El 9 de noviembre de 1989, en una rueda de prensa rutinaria -y, por lo tanto, obviamente retransmitida en directo para toda la RDA y de visionado obligatorio- un tal Schwaboski, sudoroso y agobiado, sólo pensaba en salir a tomarse una cerveza. Un periodista italiano le hizo una pregunta acerca de un farragoso anuncio hecho público un par de días antes acerca de no sé qué de las "restricciones que habían sido suprimidas". Como no tenía especiales ganas de explayarse, Schwaboski sacó un papel del bolsillo y leyó el siguiente comunicado: "los panellets, quiero decir, los berlineses del este pueden ir a comer dónuts rellenos de crema". El periodista italiano, flipando un poco, preguntó que desde cuándo. Y el bueno de Schwaboski, rascándose la cabeza porque no había leído el papel entero -y la fecha no estaba hasta el final de la hoja- en lugar de decir "a partir del 10 de noviembre" tal y como le venía indicado dijo "en cuanto termine de decir esta frase... que no, que era broma, quiero decir inmediatamente". Luego se supo que le susurró a Gerhard Beil, que le tenía al lado, aquella mítica pregunta: '¿soy el único al que le ha entrado hambre?'.
El resto es historia. El muro fue derribado al más puro estilo teutón (a martillazos) y la RDA, el paraíso comunista, dejaba de existir. Dos años después sería la mismísima URSS la que corriera la misma suerte. El sistema comunista por antonomasia se desintegraba.
Hoy, 20 años después, los nostálgicos aún se preguntan qué es lo que pudo fallar. Aprovechando el aniversario algunos intentan tímidamente sacar pecho y exhibir con orgullo sus convicciones en la supresión del capital y los planes quinquenales, y pelillos a la mar con eso de los crímenes y tal, que es una cosa muy fea y otra cosa no, pero ellos son siempre muy estupendos. Quieren retomar una idea del siglo XIX en el XXI, 'adaptada a las circunstancias'.
Roures, el Señor de LaSexta, aprovecha la coyuntura para regalar libros de Marx y Engels. Su diario pontifica y da voz a una corriente minoritaria de un partido venido muy a menos.
El País, por su parte, intenta dar la sensación de estar más alejado y se pregunta qué significa ser comunista en 2009. En un entrevista sin desperdicio un par de ellos nos dejan claro que, afortunadamente, son tan escasos como los falangistas. Ojito con la nueva incorporación, Esther López Barceló. Da miedo pensar que una chica que apenas supera la veintena se cree a pies juntillas que Otegui es un "preso político", que en España hay muchos de esos o que Cuba es "la democracia más profunda" que ha vivido. Lo mejor es que cree que unos fusilamientos no deberían "manchar un régimen para siempre", pero obviamente sólo si es de izquierdas. Claro que si es la misma persona que sostiene sin sonrojarse que "existe una realidad en el País Vasco, de gente de izquierda, que no defiende la violencia pero sí sufre la represión de los agentes del Estado" entonces la cosa tiene más sentido. Sobre todo, porque esa misma chica tampoco dice que Batasuna, por ejemplo, sea esa 'gente de izquierda' de la que habla. "No son compañeros de lucha" y en el fondo le da igual si son de izquierdas o no, y hace bien intentando expulsarles de su lado aunque no cuele. Incómodo, el asunto. El pobre Willy Meyer, el otro entrevistado, no sabía dónde meterse.
Pues sí. Estos son los comunistas del 2009.
Alzad el puño, camaradas. Pero bajito, por favor.
La historia, en clave logsiana, vendría a ser más o menos así:
El 8 de mayo de 1945 termina oficialmente la II Guerra Mundial. Alemania se rinde incondicionalmente y, como le habían dado mucho para el pelo, ni siquiera era capaz de mantenerse a sí misma. Los ganadores -USA, UK y la URSS- decidieron repartirse el país en función de los pedacitos que habían conseguido invadir. Como Francia esperaba que su grandeur siguiera como estaba (y De Gaulle sabía llorar muy bien, el jodío) también la incluyeron en el lote.
Pero claro, no puedes invitar a merendar a un mod, un rockabilly, un bakala techtonik y a un soviético [N del T: los rusos nos han legado muchas cosas útiles como el vodka o las matroshkas, pero no tribus urbanas] sin que lluevan hostias. Así que en 1949 los primeros decidieron juntar sus pedacitos y formar un país al que llamarían República Federal Alemana (RFA). A los rusos no les hizo ninguna gracia y, como no querían sentirse menos, no tardaron ni seis meses en montarse una réplica que llamaron República Democrática Alemana (RDA) no sin cierto sentido irónico del humor, por lo de 'democrática' más que nada.
Las cosas habrían transcurrido de algún modo diferente de no haber un pequeño inconveniente: no sólo se había troceado Alemania. Berlín también había sido cuarteada siguiendo el mismo modelo: el oeste de la ciudad era "propiedad" occidental (tres sectores inglés, francés y yankee) y el este soviético. Para ir de un sector a otro se necesitaba tener un salvoconducto o un pase. Cosa chunga cuando tenías el salón en zona inglesa y la cocina en zona soviética. Las tres zonas occidentales se unieron formando el Berlín Occidental, que aunque se decía que era parte de la RFA en realidad era más un minipaís que otra cosa.
Una vez montados los paripés de los países, pudieron ignorarse mutuamente mirándose de soslayo en plan 'mucho ojito conmigo, tío, que tengo armas nucleares hasta en el ojete'. Al invento lo llamaron Guerra Fría porque por la época no había una Leire Pajín que le diera un nombre más planetario y que molara.
Así, en Berlín había barrios comunistas y barrios capitalistas. Al principio las fronteras eran bastante de risas (un poco como las de Andorra, sin Guardia Civil pero con tanques más pendientes de los tanques del otro lado que de comprobar quién cruzaba) y los berlineses del este (y en general gente del Bloque del Este) cruzaba a cascoporro como quien dice que va a por tabaco y no vuelve. Se dice que de 1949 a 1961 cruzaron unos 3 millones de personas. Ahí es nada. Lo raro es que quedara alguien, visto lo visto.
Pero quedaba la gente suficiente para que los mandamases de la RDA dieran un puñetazo a la mesa y gritaran 'hasta aquí llegamos, camaradas'. Si el paraíso socialista [la RDA era, de largo, el más mejor de todos] no bastaba con retener a la gente, tal vez un "obstáculo" les ayudara a pensárselo mejor.
El 13 de agosto de 1961 se cerró la frontera a cal y canto. Nadie entra y nadie sale. Se bloquearon los túneles del metro y todos los autobuses que cruzaban la frontera dejaron de funcionar. Como resultaba complicado explicar que lo construían para dejar de perder gente, se dijo que el muro era un muro de "protección antifascista", aunque curiosamente las 'protecciones' estaban del lado de la RDA, pero eso no eran más que futesas, minucias de un plano leído al revés. Que hasta los eficientes alemanes meten el cuezo alguna vez.
De ahí que, toda vez que el Muro de piedra y hormigón rodeaba completamente la zona "capitalista", llegara un tal John Fitzgerald Kennedy (JFK para los amigos del aeropuerto de Nueva York) en el 63 y dijera "ich bin ein Berliner", que vendría a ser algo así como 'yo soy un dónut relleno de crema'. Aquella revelación, claro, dejó al camarada Jrushov (Nikita para Elton John) algo confuso, tal y como confesaría en su diario personal: 'yo siempre creí que en realidad era un panellet, esto demuestra que no se puede confiar en los burgueses capitalistas. Yo por mi parte prefiero seguir siendo una eficiente chapatita candeal'.
Así, el mundo siguió girando unos cuantos años. La RDA ganaba medallas en los Juegos gracias a sus travestis, se jugó un RDA-RFA en un Mundial de fútbol y todos contentos, comunistas unos y capitalistas (o demócratas, como se prefiera) los otros.
Pero el invento no podía durar. Ya lo intuía Gorbachov (el tipo de la mancha en la calva) cuando llegó al poder en el 85. Checoslovaquia se les había sublevado unos años antes y Polonia tampoco parecía muy dispuesta a seguir bailando el agua. Hungría se desangraba, Yugoslavia se agrietaba y Rumanía tenía a los Ceaucescu, que no es poco.
Así las cosas, el bueno de Mijaíl se inventó la perestroika, que en cristiano vendría a significar 'vale, yo también quiero un Rólex'. Empezaron entrando productos y divisas, pero al final acabó saliendo la gente. Lo descubrieron unos campistas húngaros cuando se perdieron por el bosque: andando, andando, llegaron a Viena y nadie les había dado el alto. Era el verano de 1989 y la voz corrió como la pólvora. Como entre los Países del Este no había controles en las fronteras, a nadie pareció sorprenderle que de repente a muchos les apeteciera pasar unos días en Hungría. Lo que pasa es que no se les volvía a ver el pelo, a los jodíos. Y es que unos días antes Budapest había abierto sus fronteras con Austria, sin restricciones pero también sin avisar. El Telón de Acero tenía un boquete.
Poco después dimitía Honecker, jerifalte de la RDA. Y tras él se fue todo el gabinete. Ya nadie creía en el invento y no sabían cómo salir del atolladero. La URSS no se ponía al teléfono ('¡soy una rica chapata candeal, soy una rica chapata candeal!') y la Stasi -el CNI versión chunga- ya no tenía a quién espiar. Estaban gordos y aburridos.
El 9 de noviembre de 1989, en una rueda de prensa rutinaria -y, por lo tanto, obviamente retransmitida en directo para toda la RDA y de visionado obligatorio- un tal Schwaboski, sudoroso y agobiado, sólo pensaba en salir a tomarse una cerveza. Un periodista italiano le hizo una pregunta acerca de un farragoso anuncio hecho público un par de días antes acerca de no sé qué de las "restricciones que habían sido suprimidas". Como no tenía especiales ganas de explayarse, Schwaboski sacó un papel del bolsillo y leyó el siguiente comunicado: "los panellets, quiero decir, los berlineses del este pueden ir a comer dónuts rellenos de crema". El periodista italiano, flipando un poco, preguntó que desde cuándo. Y el bueno de Schwaboski, rascándose la cabeza porque no había leído el papel entero -y la fecha no estaba hasta el final de la hoja- en lugar de decir "a partir del 10 de noviembre" tal y como le venía indicado dijo "en cuanto termine de decir esta frase... que no, que era broma, quiero decir inmediatamente". Luego se supo que le susurró a Gerhard Beil, que le tenía al lado, aquella mítica pregunta: '¿soy el único al que le ha entrado hambre?'.
El resto es historia. El muro fue derribado al más puro estilo teutón (a martillazos) y la RDA, el paraíso comunista, dejaba de existir. Dos años después sería la mismísima URSS la que corriera la misma suerte. El sistema comunista por antonomasia se desintegraba.
Hoy, 20 años después, los nostálgicos aún se preguntan qué es lo que pudo fallar. Aprovechando el aniversario algunos intentan tímidamente sacar pecho y exhibir con orgullo sus convicciones en la supresión del capital y los planes quinquenales, y pelillos a la mar con eso de los crímenes y tal, que es una cosa muy fea y otra cosa no, pero ellos son siempre muy estupendos. Quieren retomar una idea del siglo XIX en el XXI, 'adaptada a las circunstancias'.
Roures, el Señor de LaSexta, aprovecha la coyuntura para regalar libros de Marx y Engels. Su diario pontifica y da voz a una corriente minoritaria de un partido venido muy a menos.
El País, por su parte, intenta dar la sensación de estar más alejado y se pregunta qué significa ser comunista en 2009. En un entrevista sin desperdicio un par de ellos nos dejan claro que, afortunadamente, son tan escasos como los falangistas. Ojito con la nueva incorporación, Esther López Barceló. Da miedo pensar que una chica que apenas supera la veintena se cree a pies juntillas que Otegui es un "preso político", que en España hay muchos de esos o que Cuba es "la democracia más profunda" que ha vivido. Lo mejor es que cree que unos fusilamientos no deberían "manchar un régimen para siempre", pero obviamente sólo si es de izquierdas. Claro que si es la misma persona que sostiene sin sonrojarse que "existe una realidad en el País Vasco, de gente de izquierda, que no defiende la violencia pero sí sufre la represión de los agentes del Estado" entonces la cosa tiene más sentido. Sobre todo, porque esa misma chica tampoco dice que Batasuna, por ejemplo, sea esa 'gente de izquierda' de la que habla. "No son compañeros de lucha" y en el fondo le da igual si son de izquierdas o no, y hace bien intentando expulsarles de su lado aunque no cuele. Incómodo, el asunto. El pobre Willy Meyer, el otro entrevistado, no sabía dónde meterse.
Pues sí. Estos son los comunistas del 2009.
Alzad el puño, camaradas. Pero bajito, por favor.
25 octubre 2009
Yo, moroso
Si algo tiene la crisis es morosos. Bien lo sabemos los que mantenemos cierta vida sin un sueldo que lo respalde. Mal que bien vamos apagando fuegos aquí y allá aunque al final termina habiendo un pequeño incendio al que damos por imposible o simplemente olvidamos.
A mí, como a mucha gente, se me ha olvidado alguna vez pagar una factura atrasada. No pasa nada (se paga y ya está) y nadie va a la cárcel por ello, ¿verdad que no? ¿Verdad?
Para un grupo grande -enorme- de empresas, ser moroso es prácticamente ser un proto-delincuente a quien es mejor apartar como un apestado. Y para asegurarse (y pasarse información unos a otros) tienen los famosos "ficheros de morosos", que, como no podía ser de otro modo en un país de inútiles e ineficientes, hay unos cuántos. Cada fichero lo lleva una empresa distinta, con sus procedimientos distintos.
Yo estoy en dos.
Diréis "wa-la, tío, ¿a quién has estafado para que te metieran ahí?", o pensaréis que lo que debo es tanto que para pagarlo debería empeñar los dos riñones. Pues, como mucho, y de confirmarse mis sospechas, debo 42 euros. [Edito: no debo 42, una empresa de ordenadores dice que les debo esa cantidad, el matiz es importante]
No hay nada como saber que estás metido en algo para, de repente, darte cuenta de su existencia y tratar de averiguar cuanto más, mejor. Así, descubrí que basta con que debas un euro (figuradamente, vale hasta un céntimo) y que sólo haya ocurrido una vez para que estés en estas listas. Además, basta con que el banco de turno avise a las empresas propietarias de las listas para estar en ellas, sin que en ningún momento tengas opción alguna a poner objeciones o simplemente dar tu punto de vista. ¿Presuntamente culpable? No, en este caso eres culpable y ya se verá luego si lo eres realmente o no.
También pude saber, para desgracia de Telefónica -que ha perdido un cliente- que no puedes ni cambiarte de prepago a contrato, no digamos ya pedir un crédito o financiarte una tele de plasma o un par de zapatos. Tus movimientos se ven amplísimamente reducidos en este sentido, imponiéndote "fianzas" altas (Movistar pretendía que les diera 300 euros por su logo bonito) con las que sortear el "veto" que vete tú a saber si no son más que sobornos puros y duros para que echen la vista gorda.
Okey, esta es la parte mala y amargada del artículo. Ahora viene la guerrera.
A esta gente -a los que llevan este tipo de listas- se la puede "combatir". Tras unas cuantas cagadas dignas de una película de Uwe Boll [1][2][3][4], se difunden por internet muchas recetas y hasta se han creado empresas que, por un módico precio, se encargan de sacarte de las listas -por cierto, eso mismo te lo hace la Agencia de Protección de Datos, y gratis total- porque, según las últimas noticias, en esas listas hay 2.700.000 personas. Entre todos los derechos que tenemos como 'personas humanas', existen algunos de lo más curiosos, como el derecho de oposición. Este derecho implica que, dado que los datos que manejan estas listas son personales (en jerga jurídica, "personalísimos", así que imaginaos el tipo de datos) y que podemos decidir quiénes pueden y quiénes no manejarlos, podemos exigirles que en ningún caso podamos figurar en las listas. Claro, este derecho tiene truco: no es automático. Tienes que moverte tú. Pero una vez hecho, no vuelves a aparecer en esas listas, así debas un euro o un millón. El motivo es simple: aunque la ley permite la existencia de estas listas, al no estar controladas directamente por organismos del Estado no tienen carta blanca.
Ah, otro pequeño matiz. El mero hecho de aparecer en esas listas supone, para la Justicia, una "intromisión al derecho al honor", lo que significa que, si estás metido por error o bien por un motivo que no cumpla escrupulosamente la ley, puedes exigirles pasta por ello.
Yo me lo estoy pensando.
A mí, como a mucha gente, se me ha olvidado alguna vez pagar una factura atrasada. No pasa nada (se paga y ya está) y nadie va a la cárcel por ello, ¿verdad que no? ¿Verdad?
Para un grupo grande -enorme- de empresas, ser moroso es prácticamente ser un proto-delincuente a quien es mejor apartar como un apestado. Y para asegurarse (y pasarse información unos a otros) tienen los famosos "ficheros de morosos", que, como no podía ser de otro modo en un país de inútiles e ineficientes, hay unos cuántos. Cada fichero lo lleva una empresa distinta, con sus procedimientos distintos.
Yo estoy en dos.
Diréis "wa-la, tío, ¿a quién has estafado para que te metieran ahí?", o pensaréis que lo que debo es tanto que para pagarlo debería empeñar los dos riñones. Pues, como mucho, y de confirmarse mis sospechas, debo 42 euros. [Edito: no debo 42, una empresa de ordenadores dice que les debo esa cantidad, el matiz es importante]
No hay nada como saber que estás metido en algo para, de repente, darte cuenta de su existencia y tratar de averiguar cuanto más, mejor. Así, descubrí que basta con que debas un euro (figuradamente, vale hasta un céntimo) y que sólo haya ocurrido una vez para que estés en estas listas. Además, basta con que el banco de turno avise a las empresas propietarias de las listas para estar en ellas, sin que en ningún momento tengas opción alguna a poner objeciones o simplemente dar tu punto de vista. ¿Presuntamente culpable? No, en este caso eres culpable y ya se verá luego si lo eres realmente o no.
También pude saber, para desgracia de Telefónica -que ha perdido un cliente- que no puedes ni cambiarte de prepago a contrato, no digamos ya pedir un crédito o financiarte una tele de plasma o un par de zapatos. Tus movimientos se ven amplísimamente reducidos en este sentido, imponiéndote "fianzas" altas (Movistar pretendía que les diera 300 euros por su logo bonito) con las que sortear el "veto" que vete tú a saber si no son más que sobornos puros y duros para que echen la vista gorda.
Okey, esta es la parte mala y amargada del artículo. Ahora viene la guerrera.
A esta gente -a los que llevan este tipo de listas- se la puede "combatir". Tras unas cuantas cagadas dignas de una película de Uwe Boll [1][2][3][4], se difunden por internet muchas recetas y hasta se han creado empresas que, por un módico precio, se encargan de sacarte de las listas -por cierto, eso mismo te lo hace la Agencia de Protección de Datos, y gratis total- porque, según las últimas noticias, en esas listas hay 2.700.000 personas. Entre todos los derechos que tenemos como 'personas humanas', existen algunos de lo más curiosos, como el derecho de oposición. Este derecho implica que, dado que los datos que manejan estas listas son personales (en jerga jurídica, "personalísimos", así que imaginaos el tipo de datos) y que podemos decidir quiénes pueden y quiénes no manejarlos, podemos exigirles que en ningún caso podamos figurar en las listas. Claro, este derecho tiene truco: no es automático. Tienes que moverte tú. Pero una vez hecho, no vuelves a aparecer en esas listas, así debas un euro o un millón. El motivo es simple: aunque la ley permite la existencia de estas listas, al no estar controladas directamente por organismos del Estado no tienen carta blanca.
Ah, otro pequeño matiz. El mero hecho de aparecer en esas listas supone, para la Justicia, una "intromisión al derecho al honor", lo que significa que, si estás metido por error o bien por un motivo que no cumpla escrupulosamente la ley, puedes exigirles pasta por ello.
Yo me lo estoy pensando.
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