
Todo vale en este espacio desde el que poner de relieve las cloacas del mundo y algunas cosas que podrían salvarlo... ¿qué te llevarías a una isla desierta?
30 octubre 2008
Ingleses

29 octubre 2008
Expertos
Hay gente que se dedica a esos menesteres, a los que el resto debemos llamar "expertos".
Así, tenemos un listado sobre los mejores equipos de cualquier deporte. El ránking de los actores que más cobran. La clasificación de las vecinitas más buenorras. Los personajes de series más odiados. Las cinco mejores películas jamás rodadas en Thailandia.
Por tener, tenemos hasta un índice de popularidad para esa chusma que dice ser la clase dirigente.
Confieso que soy un admirador más de esas listas. Quitando la de los 40 Principales, que no se la cree nadie -¡¿Melendi, número 1?!- en general la idea de hacer esta clase de cosas para matar el rato de unos cuántos sirve para dar una posición en el mundo a todo.
Ahora bien... ¿quiénes son esos cuántos que parecen aburrirse tanto? ¿Dedican a algo más su tiempo libre? ¿Por qué su criterio vale más que, no sé, el de mi amigo M, que sabe un huevo y medio de música?
_Pero hombre, ¡me lo vas a comparar con Fernandisco!
O con el mítico Luqui ("¡tú y yo lo sabíamos!"), si total, se supone que los gustos son tan diversos como los colores Pantone.
_Pero el Real Madrid es el mejor club de fútbol del siglo XX.
¿Basándose en qué criterio? ¿En títulos conseguidos? ¿En espectáculo desplegado? ¿En dinero despilfarrado? ¿En imagen de marca? Oliver jugó en el Barça -motivo por el que, por cierto, condené mi serie de culto al ostracismo- y Benji en el Hamburgo (y luego el Barça nuevamente, para más inri). Así que lo que es imagen de marca, poquita.
_España es la octava potencia económica del mundo.
Claro que sí. Por qué no. Mientras se matice que es sólo en cuanto a la cuestión económica, todo va bien. Eso, y que los canadienses hagan como que no han oído nada, claro.
De ahí que me pregunte quién reparte aquí carnets de "expertos" y bajo qué premisas, porque algunas listas son tan subjetivas que dan qué pensar.
_Estadística, muchachote. Simple y pura estadística.
Claro. De ahí, de las estadísticas, vendrá eso de "Melendi es hoy el número uno en España", ¿verdad?
Se puede elaborar un histórico de las mejores películas, basándote en la recaudación en los cines (¿Titanic, número uno? ¡Por favor!).
Puedes decir que Michael Jackson es el mejor músico del mundo porque Thriller es el disco más vendido de la historia. Y AC/DC, los segundos. Los Eagles, los terceros. Meatloaf -¡¡Meatloaf!!- el sexto.
_¿Quién? ¿Ese que hacía de actor cutre secundario en pelis de roleros?
El mismito. Claro que también salió en El Club de la Lucha. El tipo de las tetas enormes, ese que abraza a Norton. Sí, ese es el sexto tipo que más discos ha vendido.
Del mundo.Puedes decir que Jackson Pollock es el mejor pintor de la historia porque su "Número 5" es el más caro de cuantos se han vendido en subastas. Y que Picasso es el very best sólo si sumas unos cuántos, porque antes tiene a Klimt y a un tal De Kooning capaz de pintar una cosa como ésta (a la derecha) por la que se han pagado 137 millones y medio... de dólares, eso sí.
Puedes decir que varios autores pseudo-anónimos ostentan el primer puesto de mejores escritores porque su obra lleva 1.700 años encabezando la lista. Harry Potter va justo detrás. Del Quijote no se tienen datos, pero imagino que Cervantes tampoco estará para muchas reivindicaciones.
_Bua que no, figurín [acento de Alcalá]. Acabósele, vivediós, la buenaventura al jodío inglés (Shakespeare) y aparecióme otra guiri (la Rowling) para torturarme. ¡Ni rebajándolo diez maravedíes remonto!
Pero mentiríamos, porque todo el mundo sabe que el libro más vendido del universo es la "Guía del Autoestopista Galáctico".
Es decir, la estadística nos puede dar algunos datos. Pero seguirían siendo incompletos.
Dudo que Pollock sea mejor artista que Picasso o Dalí. Que la Biblia sea realmente un libro legible o que no haya mejores canciones que Thriller. Vale, Manowar no, pero... ¿y la banda sonora de La Misión?
No me creería que alguien dijera que su película favorita es Titanic a menos que ese alguien fuera un infraser ñoño y friki de Di Caprio. No menos frikis que los del Señor de los Anillos, entre los cuales me incluyo orgullosamente.
Y si entráramos de lleno en el capítulo de "mejores blogs", tendríamos que tirar de datos estadísticos nuevamente. Afortunadamente, el de Enrique Dans no está.
Tampoco el mío.
Pero es que yo no soy un experto. Afortunadamente.
27 octubre 2008
Volver a Empezar
Dicen que una imagen vale más que mil palabras. Sí, incluso de las mías. Por eso no voy a decir nada acerca del significado de lo que hoy cuelgo aquí -el primero de unos cuantos, tal vez- porque la idea es que cada uno saque su propia conclusión.
No salen caras, no al menos visibles (salvo error por mi parte), por una razón muy sencilla: esta historia no tiene un protagonista único. Esta historia es de esas que vivimos todos alguna vez.
Vale, no puedo dármelas de Kubrik o Scorsese. También es verdad que con 20 euros y una cámara digital no se hacen milagros. Pero creo que he conseguido expresar algo.
La cuestión es... ¿qué algo veis vosotros?
20 octubre 2008
Lujuria
El contorno de su boca se mueve pronunciando palabras que no puedo escuchar. Nada de cuanto pueda decir importa, sea arrebatadoramente hermoso, sea tan maléfico que me conduzca a la ruina. Sólo trasciende un movimiento que logra arrancar de lo más profundo de mi ser la orden de morderlos, de atraparlos entre mis dientes con ansia asesina, con un fervor desquiciado y una delicadeza que no merece.
Un sordo gruñido se abre paso por mi garganta, desgarrada por todo cuanto quiero gritar y no consigo. En su lugar, el silencio que llena el vacío que aún se interpone entre los dos. Su piel arde de deseo, la mía busca quién la acalore y la libere de su prisión de hielo.
Se acerca. Un paso tras otro más cerca de mí y yo tiemblo. De qué, me gustaría saberlo. De temor, de rabia, de impaciencia. Todas y ninguna al mismo tiempo. Ella gime, tan quedamente como el susurro del viento de la primavera. Apenas resuena en mis oídos y, sin embargo, como el más poderoso de los sortilegios, mi cuerpo reacciona y mi mente se enciende como una brasa entre mil fuegos. Aquí, ahora. Por siempre y para siempre. Te haré mía aunque sea lo último que haga.
Aquella loba surca mi espalda con sus garras. Trago saliva, pero no es momento para lamentos. La hora del jadeo llegó. El momento en que los impulsos que me ciegan tomen el control. Respondo agarrándola sin compasión. Ella grita. Pero no es dolor lo que leo en sus ojos. Qué ojos. El brillo cargado de vicio que emana de ellos me posee, me envuelve, me encadena a ella. Atado al insoportable erotismo que percibo entre sus labios ligeramente abiertos, invitándome a realizar cualquier perversión que se me antoje. Poseído por el deseo, le arranco una camisa que apenas cubre mi invitación al pecado. Y a pecar vengo dispuesto.
Aquella hechicera me envenena la sangre. Se agolpa, me hincha, me recarga. Mis fuerzas se multiplican, mi poder se dispara. Mi lujuria se desboca y no conoce límites.
Ella gruñe, muerde, ataca buscando verme desprevenido. Necesito de casi todo para apartarla y, antes de que ella pueda protestar, la silencio abalanzándome sobre sus labios.
Respiro un olor dulce de deseo, un perfume de perdición y tentaciones. Es ella quien lo desprende, y hacia su fuente me encamino sin prisa, disfrutando con deleite del viaje y sus paisajes. Ella abraza mi lento caminar con alevosas ganas, insolentemente paciente. No tendré piedad, aunque ya lo sabe. No la quiere. No busca redimirse. No desea expiarse. No pretende miramientos. Nada de eso tendrá. Juré ante aquellos luceros que jamás concedería cuartel. Mi vida y mi honra le darán merecido cumplimiento.
Aquella guerrera monta un corcel encabritado y desbocado. Una montura indómita, salvaje y fiera. Una bestia que no puede manejar. Le aguijonea, le muerde, busca someterle sabiendo que es ella la sometida. Grita, jadea, solloza de puro éxtasis cuando la jinete metamorfosea en cabalgadura. Pero no es su amo quien, agarrado a sus crines, la lleva por sendas jamás sondadas. No, él jamás será su dueño. Pero durante el lapso en el que son uno y son dos, sueña que lo es. Aúlla su rendición, aunque no suplica clemencia. Nunca. Antes se dejaría desollar. Exige un castigo más fuerte, una condena más larga y duradera, un viaje todavía más intenso. Saborea el sudor que todas las pieles expulsan con tanto ímpetu que se condensa en un vapor salado cargado de lujuria. Sucia, furcia, pervertida. Placer, placer, placer.
Peleamos. Ella ataca, yo ataco. Yo me ensaño, ella se regodea. Ella araña, yo azoto. Yo gimo, ella jadea. Ella susurra, grita, ordena... yo obedezco. Yo impongo, ella complace. Peleamos.
La batalla termina cuando no queda ya nada que entregar. Cuando, rebuscando en lo más hondo, nada hay que pueda ser tomado. Desfondados, abatidos, agotados, somos dos estatuas esculpidas en carne unidas en una única obra. Un par de almas en pena que se fusionaron y volaron pero que deben ahora disolverse. Porque ni tú eres mi señora ni tú me perteneces. Así por cierto será, todas las veces que volvamos a cruzar miradas.
Con esos ojos que apuñalan mi alma.
16 octubre 2008
Recuerdos tontos
De acuerdo, no es la actividad favorita del urbanita un miércoles por la noche. Y admito que el tema es un poco chorra y muy cogido por los pelos.
Pero, por otra parte, quiero pensar que no soy el único al que le pasa. Porque hoy me ha pasado, y no es la primera vez.
Se supone que la mente humana es selectiva, al menos en lo que respecta a la memoria. Retiene imágenes -a veces, pequeños vídeos- que no siempre tienen sentido para uno mismo pasado el tiempo. También se supone que los recuerdos no comienzan a "grabarse" en serio hasta pasada una edad, de suerte que parece como si apareciéramos en la vida, así, de golpe y porrazo, con el primer recuerdo que guardamos.
Un tema que me ha fascinado desde siempre es cómo asociamos algo concreto -un movimiento, una imagen, un lugar- con personas que han estado con nosotros desde esos primeros recuerdos. Cuando, por ejemplo, enciendo un cigarro me acuerdo de mi colega B, que empezó a fumar al mismo tiempo que yo. Pero esa es relativamente fácil, sólo han pasado algo más de diez años.
Puedo recordar la primera mujer que me gustó. S. Un ángel rubio de ojos inmensos y azules. Cinco primaveras muy bien llevadas a la que apenas le dije más de dos palabras seguidas. Más de veinte años nos contemplan desde entonces y sigo sabiendo cómo se llama y quiénes eran sus amigas del colegio. Ahí es nada.
Rizando el rizo, hoy me he acordado de una de esas amigas viendo a un tipo por la tele haciendo lo mismo que hacía ella. No me hizo falta estrujarme la cabeza, el nombre me vino de corrido.
Ahora bien, si de repente me la encontrara por la calle y le comentara la escena que recuerdo con nostalgia de los grandes buenos tiempos, ¿qué pensáis que ocurriría? Muy probablemente ella me miraría con cada de no saber muy bien qué decir. Y no porque me considerara un bicho raro, sino porque ese recuerdo no lo tiene del mismo modo que lo tengo yo y, por lo tanto, no puede acordarse. Por mucho que le hablara de mí, nunca sabría quién pelotas soy.
"Es que ha pasado mucho tiempo, es que la memoria es muy mala, es que soy un poco despistada"...
Entiendo que para el ego de cualquiera eso es un pequeño disgusto. Para el mío, que tiene su tamaño, también podría serlo. Pese a todo, sabemos que estas cosas ocurren, que muchos recuerdos son caprichosos y no guardan un sentido lógico que otros, por ser intensos o representar un momento crucial de nuestras vidas, sí tienen.
_¡Coño, Povedilla!
_Disculpe, ¿le conozco?
_¡Soy yo, hombre, Fernández!
Fernández es un tipo bajito, bigotón y calvete que recuerda perfectamente el nombre de todos los compañeros de clase de primaria. Povedilla, rubicundo y grande, es uno de ellos.
_Lo siento, no termino de caer...
_¡Pero si nos sentábamos juntos en quinto!
Ni por esas. Murmurando una disculpa inteligible, Povedilla pondrá pies en polvorosa preguntándose quién era aquél tipo, ese tal Fernández que mira cariacontecido cómo su viejo amigo del alma de quinto de primaria le ignora.
Un tiempo después le volverá a la cabeza aquella anécdota. Picado por la curiosidad, buscará en altillos y cajas, en casa de su madre, las cosas que guarda de la época del colegio. Y entonces, al ver la tapa del libro de lengua de quinto, se acordará de aquél chaval que se sentaba a su lado, bajito y cachazudo, con el que pasaba tan buenos ratos.
La ciencia distingue entre recuerdos espontáneos y sugeridos. En publicidad también se habla del tema, pero con otro cariz. Los recuerdos espontáneos son los que tiene Fernández, que aún se sabe de carrerilla la lista de clase. Los sugeridos, libro de lengua mediante, los de Povedilla.
El abuelo os puede decir las alineaciones de su equipo desde la temporada 50-51. El tío rockabilly, las canciones del Appetite for Destruction. La tía del pueblo, los participantes de la primera edición de Gran Hermano. Sí, hasta el de "quién me pone la pierna encima" -¿qué fue de él? ¿Murió finalmente apisonado?-. Tu viejo amigo, el primer bar donde se emborrachó.
Este tipo de recuerdos no requieren que nadie replique a su vez. No hay nada en juego, salvo la propia memoria. No creo que pase lo mismo con personas con las que sí has tenido un contacto más directo, más íntimo.
Dado que los recuerdos son tan caprichosos, habrá de quiénes te acuerdes... pero también los hay olvidados.
Una noche, hará ya unos años, se me acercó un tipo en un garito. Me dio un abrazo y me sostuvo la mirada sonriente. No tenía ni la más remota idea de quién era ese tío, pero por lo visto él sí sabía quién era yo. Como veía que no terminaba de caer sobre quién se supone que debía ser, intentó echarme una mano:
_Macho, jugábamos juntos todas las mañanas en el parque, ¡tienes que acordarte!
Terminó de estropearlo, claro. ¿Cómo iba a acordarme yo de con quién jugaba con cinco años?
Pero, de hecho, me acuerdo de muchas personas de esa época. Nombres que no volví a pronunciar pero que siguen presentes. S es sólo uno de muchos, y no el más importante.
También he experimentado el lado amargo de ser un olvidado. Para este tipo de cosas nadie se libra, para bien o para mal.
Esta noche me he acordado de A. En mi vida no representó nada, apenas tuve trato con esta persona, no era más que otra cara más, de las muchas que veía a diario, con la que no interactuaba. Pero me ha venido de repente a la cabeza mientras veía la televisión.
Y, por un momento, recordé otros tiempos.
Con una sonrisa enorme.
13 octubre 2008
Cambios
_Hombre, no está tan mal, aunque... ¿dónde está la encuesta?
¿Aquéllo? Total, por lo visto no terminaba de funcionar bien. Y para 2 votos que había...
Así, por encima, os explico un poco cómo van los cambios. En lo sustancial no ha cambiado nada (¡espero!), por lo que podréis seguir haciendo lo mismo de siempre: leer y poco más, que de eso se trata.
_Oye, que a mí me gusta meter baza si el tema se presta.
Pues por mí perfecto. Eso tampoco ha cambiado.
Lo que sí ha cambiado:
-Ahora se pueden buscar posts en el simpático recuadro blanco que hay con una especie de lupa oscura y opaca. Otra cosa es que tengáis algo que buscar, pero... es un comienzo.
-Al tener ahora 2 barras laterales en lugar de una, es más fácil navegar. Y, qué coño, queda bonito. De hecho, lo he puesto porque queda bonito.
-He añadido un apartado, "Últimos comentarios", por si os interesa. La mala noticia: no salen los míos, aunque si pincháis en "Comentarios (RSS)" sí aparezco. La buena: yo (y el mundo) podré enterarme si decís algo en entradas más antiguas.
-Además, podréis escribir comentarios sin tener que hacer todas las chorraditas que había que hacer antes: veréis la "cajita" debajo de estas líneas.
-Las pestañas (Vacío, vacío... etc) todavía no las he tocado, pero es lo próximo que toca. Tengo pensado organizar esto un poco mejor y, por ejemplo, dedicar una a mi serie "Cómo mola Buick Dos Amantes" y otra a "Por qué no llevo un burro catalán pegado en mi coche"... veremos.
Y poco más. El pie del blog es de "obligado" mantenimiento, por aquello de que no es obra mía, copyright y pajazas de esas.
_Hasta que te harte, je supose.
Suponemos bien.
PD. He tenido que reponer el contador de visitas. Pero puedo deciros (orgulloso y todo) que, esta noche, alcancé la sagrada cifra mágica de 6.000 visitas. ¡Me congratulo!
29 septiembre 2008
El Precio
Un objetivo que puede ser de cara a la realización personal, enfocado en el exterior o meramente interior. Los hay de todos, toditos los colores.
A lo largo de tu experiencia personal vas conociendo gente y probándote con diversos arquetipos de comportamiento, ideas, pensamientos y deseos. Algunas veces coincides; la mayoría, en cambio, tienen perspectivas que no encajan contigo y no terminas de saber muy bien por qué. Pero alcanzas la meta, que no es otra que comprender que cada uno posee unas perspectivas y un fin para el que destinan todos sus esfuerzos. Un fin que, por supuesto, tiene un precio.
Quizá eres de los que se despiertan por la mañana soñando con alcanzar la cima profesional. No importa en qué profesión, aunque suelen concentrarse en aquellos trabajos que procuran más dinero y poder. Ya que te pones, y puesto que tienes un objetivo muy alto, qué menos que pelear en el mejor y más vistoso escenario posible. ¿El precio? Tus amistades son en realidad contactos -así lo crees en secreto- rigurosamente seleccionados por todo lo que pueden aportar en tu camino al éxito. Cualquier aspecto que tenga que ver con el enriquecimiento no monetario es descartado por inútil y superfluo. Sí, puedes leer a Kérouac o a Baudelarie, incluso desarrollar una inusitada filantropía por el modernismo. Pero no supone nada más que un trampolín más para alcanzar las cuotas de éxito más difíciles, es decir, las de arriba del todo.
Los envidiosos que se quedaron en el camino llaman a esta gente trepas o arribistas. Lo que me lleva a otra meta del abanico vitalista: aquélla que supone vivir de lo que hacen otros. Enterarte de cada pormenor que suceda en vidas ajenas que logre convertirte en el principal conversador. Todos te buscarán para enterarse de cualquier cosa que pocos conozcan, pero -y este es el precio a pagar- al mismo tiempo muchos huirán de ti temerosos de convertirse en protagonistas involuntarios de tus chismes. Poco importa, de todos modos: tu red es tan sofisticada e intrincada que nadie escapa realmente a tus oídos. Lo que más te pone es la sensación de poder que te da saber detalles escabrosos y escandalosos de gente aparentemente anodina. Tener en tus manos la posibilidad de acabar con su reputación o alzarlo a la fama a tu conveniencia.
Ah, la fama... un filón inagotable para tantos y tantos. Precisamente tal condición responde al leit motiv de aquellos que viven por y para ser el centro de conversaciones, para bien o para mal. Que se trate de críticas o alabanzas es el menor de los problemas: después de todo, están hablando de ti y ese es el fin máximo. Por supuesto, alimentas la rueda y la exprimes al máximo todo lo que puedas sabedor que la condición de starlette es del todo efímera. Algunos, los pocos, pueden soportarlo. El resto se las verán y se las desearán para mantener el status como buenamente puedan, incluso a costa de denigrarse a sí mismas, porque el objetivo no es tanto que te reconozcan por algo que hayas hecho como el hecho del reconocimiento en sí. Por eso vemos tantos y tantas volcados en aparecer donde sea -y como sea- mostrando sonrisa o llanto a cuenta de cualquier avatar cotidiano. Los maestros aparecen en las revistas y la televisión, pero no son los únicos, por supuesto. ¿Qué precio paga este tipo de personas? Carecer de escrúpulos ni pudor. Ríen, lloran, odian y aman como todos... pero sin vivirlo realmente.
Del amor se puede hablar de miles de maneras. De lo que provoca, de cómo afecta, de por qué ocurre con quien menos te lo esperas, cómo nace, crece, se desarrolla y finalmente muere. Porque muere. Esto es algo que no siempre sabemos aceptar. Y existen personas con una capacidad de amar inagotable, dispuestos a entregarse con todo lo que tienen -y hasta con lo que no- con tal de demostrarlo. Para ellos ni la salud, ni el dinero, ni el éxito cuentan tanto como encontrar a la persona con la que pensar en pasar el resto de la vida. Ante estos seres pasan unos y otros a gran velocidad, a veces sin tiempo para comprobar si efectivamente fue una mala elección. Ese es el precio que pagan: enfocar su vida en algo que no puede ser medido ni pesado en una balanza. No existe el título "Amador Comprometido" entre los miles que se otorgan a personajes de relieve. Pasarás sin pena ni gloria por este mundo sin haber descubierto que, lo que realmente alimenta y da sentido a la dichosa palabra, es querer porque lo mereces sin esperar nada a cambio.
Hay más, creo. Tantos pareceres y perspectivas como personas existen en el mundo. Pero, en realidad, apenas unos pocos superan la criba de lo relevante y se convierten en verdaderos centros de obsesiones, desvelos y preocupaciones como los que he descrito hoy aquí.
Dicen que toda persona tiene un precio. Lo creo. Algunos no lo descubren en mucho tiempo, pero finalmente todos terminamos por darnos cuenta de dónde están las prioridades por las que seríamos capaces de renunciar -o vender- cuanto una vez amamos o estimamos.
Pero eso es algo que sólo tú sabes.